Monje Mont
Poeta reconocido en el portal
Es chico el mundo cuando
ocupa tu costumbre, cuando lo avientas al bolsillo
de las llaves, es imperceptible el infinito
ceñido al frasco que entraña una mujer,
cuando se diluye estando.
Porque un repertorio de caídas
es el tiempo, que huele a viejas fechas cualquier día.
Porque presintiendo azares,
resiste, las embestidas de su historia el alma…
Atando los cabos
de ciclos reincidentes, te invaden condenas de ocasión,
desde los yoes ambulantes de la acera.
Bebiendo razones light
a copa llena, dilapidas, miradas
sin globos en las cuencas. Sigues en la ruta,
entonces,
recogiendo cada uno de tus muertos.
Y oteros agónicos,
desde el crepusculario
de tu agenda, rojean perfumes
de los cuerpos abrasados
que alguna vez fuiste.
Y eres un talego de ficciones
para emprender regresos.
Sol que en la rutina marca,
discurriendo atajos, cada recaída
en las mismas piedras,
en las mismas dudas.
Chispas de esperanza, sin embargo
atizan los niños de la hierba seca.
Pero del luto de lo que nunca ha sido
y del luto de perseguir quién sabe,
se amarga a futuro el paladar
presente.
Y cayendo al lugar común
de los poetas, te levantas luego,
todo herido de poeta, y una lira raída
en las raídas manos de cualquier jornada,
afina aromas de embalsamadas rosas
y jazmines en mirra almibarados.
Y recién volviendo
del cotidiano polvo, rechinan
baldías las bisagras,
cernidas voces de buses coches y carriles
y la desflorada puerta
delata el guiño de una luz presa en el pomo
donde unos labios caducan
poco a poco… Rezuma así, tu pluma,
los postreros versos.
Rechinan
la perpetuidad de los frascos desolados;
ese aroma a verbo desairado en las alfombras.
-Evocar-sentir-recoger-culpar- amar. Al fin
poco importan los tiempos conjugados,
si cada vacío huele a ella.
ocupa tu costumbre, cuando lo avientas al bolsillo
de las llaves, es imperceptible el infinito
ceñido al frasco que entraña una mujer,
cuando se diluye estando.
Porque un repertorio de caídas
es el tiempo, que huele a viejas fechas cualquier día.
Porque presintiendo azares,
resiste, las embestidas de su historia el alma…
Atando los cabos
de ciclos reincidentes, te invaden condenas de ocasión,
desde los yoes ambulantes de la acera.
Bebiendo razones light
a copa llena, dilapidas, miradas
sin globos en las cuencas. Sigues en la ruta,
entonces,
recogiendo cada uno de tus muertos.
Y oteros agónicos,
desde el crepusculario
de tu agenda, rojean perfumes
de los cuerpos abrasados
que alguna vez fuiste.
Y eres un talego de ficciones
para emprender regresos.
Sol que en la rutina marca,
discurriendo atajos, cada recaída
en las mismas piedras,
en las mismas dudas.
Chispas de esperanza, sin embargo
atizan los niños de la hierba seca.
Pero del luto de lo que nunca ha sido
y del luto de perseguir quién sabe,
se amarga a futuro el paladar
presente.
Y cayendo al lugar común
de los poetas, te levantas luego,
todo herido de poeta, y una lira raída
en las raídas manos de cualquier jornada,
afina aromas de embalsamadas rosas
y jazmines en mirra almibarados.
Y recién volviendo
del cotidiano polvo, rechinan
baldías las bisagras,
cernidas voces de buses coches y carriles
y la desflorada puerta
delata el guiño de una luz presa en el pomo
donde unos labios caducan
poco a poco… Rezuma así, tu pluma,
los postreros versos.
Rechinan
la perpetuidad de los frascos desolados;
ese aroma a verbo desairado en las alfombras.
-Evocar-sentir-recoger-culpar- amar. Al fin
poco importan los tiempos conjugados,
si cada vacío huele a ella.
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