La niña trenza mi alma

Teo Moran

Poeta fiel al portal
La niña trenza los pétalos
a los radiantes girasoles
en la catedral de los cielos.
La niña trenza a los olivos
con sus dedos de tierra,
carne de aceituna verde
y añoranza en la vega,
las ramas retorcidas
cautivan al frágil viento,
con hojas tejidas a su cuerpo
lleva el trino del mirlo blanco
a los pensativos girasoles
en la catedral de los cielos.
La niña trenza mi alma
en la orilla clara del río,
la sombra del ave que vuela
en los confines del tiempo,
al salmo que bebe de la vida
y al amor que muere en silencio
en las trenzas de la niña
en la catedral de los cielos.
 
La niña trenza los pétalos
a los radiantes girasoles
en la catedral de los cielos.
La niña trenza a los olivos
con sus dedos de tierra,
carne de aceituna verde
y añoranza en la vega,
las ramas retorcidas
cautivan al frágil viento,
con hojas tejidas a su cuerpo
lleva el trino del mirlo blanco
a los pensativos girasoles
en la catedral de los cielos.
La niña trenza mi alma
en la orilla clara del río,
la sombra del ave que vuela
en los confines del tiempo,
al salmo que bebe de la vida
y al amor que muere en silencio
en las trenzas de la niña
en la catedral de los cielos.
Una lucidez que se acaricia en ese pensamiento donde
los espacios naturales van adquiriendo otro poder
frente al recuerdo de esa "niña". perfecta navegacion
serena que deja el nacimiento de una nostalgia
visionada desde la necesidad de su propio drenaje.
esas trenzas que son constante atrapada.
excelente. un lujo de obra. saludos amables de
luzyabsenta
 
La niña trenza los pétalos
a los radiantes girasoles
en la catedral de los cielos.
La niña trenza a los olivos
con sus dedos de tierra,
carne de aceituna verde
y añoranza en la vega,
las ramas retorcidas
cautivan al frágil viento,
con hojas tejidas a su cuerpo
lleva el trino del mirlo blanco
a los pensativos girasoles
en la catedral de los cielos.
La niña trenza mi alma
en la orilla clara del río,
la sombra del ave que vuela
en los confines del tiempo,
al salmo que bebe de la vida
y al amor que muere en silencio
en las trenzas de la niña
en la catedral de los cielos.
Un aroma a García Lroca he notado en tus delicados versos, estimado Oskar. Un placer la lectura de tu poema.
Con afecto, un cordial saludo.
Salvador.
 
Una lucidez que se acaricia en ese pensamiento donde
los espacios naturales van adquiriendo otro poder
frente al recuerdo de esa "niña". perfecta navegacion
serena que deja el nacimiento de una nostalgia
visionada desde la necesidad de su propio drenaje.
esas trenzas que son constante atrapada.
excelente. un lujo de obra. saludos amables de
luzyabsenta
Se torna melancolía con el recuerdo de esa niña que trenza los latidos del pecho.
Un saludo y se agradece este comentario tan descriptivo y fiel.
 
Un aroma a García Lroca he notado en tus delicados versos, estimado Oskar. Un placer la lectura de tu poema.
Con afecto, un cordial saludo.
Salvador.
Este comentario es menester guardarlo en mi corazón, muy agradecido por ver el vano intento de saborear en mis versos a ese maravilloso poeta, reitero, un vano intento pero se agradece que hayas visto la intención...Gracias.
Un enorme abrazo.
 
La niña trenza los pétalos
a los radiantes girasoles
en la catedral de los cielos.
La niña trenza a los olivos
con sus dedos de tierra,
carne de aceituna verde
y añoranza en la vega,
las ramas retorcidas
cautivan al frágil viento,
con hojas tejidas a su cuerpo
lleva el trino del mirlo blanco
a los pensativos girasoles
en la catedral de los cielos.
La niña trenza mi alma
en la orilla clara del río,
la sombra del ave que vuela
en los confines del tiempo,
al salmo que bebe de la vida
y al amor que muere en silencio
en las trenzas de la niña
en la catedral de los cielos.
Leyendo tu obra, entiendo que "la niña" no pueda estar en otro lugar que en las catedrales del cielo. Hasta allí se transporta, donde el sol nunca se gira, y las flores son eternas en los labios del poeta.
Permanece "la niña" en el cielo, único lugar, donde los ojos del poeta, se confunden con el color de las olivas...y de su mirada brotan palabras como aceite, como ungüento que cura heridas...Es imposible que, "la niña" no desee trenzar el alma del poeta que tan bien la narra....
Me ha encantado tu poema, Oskar.
Y creo que de cada frase, de cada estrofa, se puede escribir un salmo con alas de ave, que llegue a los cielos, donde se encuentra "la niña"
Bienvenido, poeta...
Sandra...

PD. ¿Conoces el canto de los mirlos? Es para mi gusto, el canto de aves más maravilloso...Hacen como gorgoritos con su "garganta".
 
Leyendo tu obra, entiendo que "la niña" no pueda estar en otro lugar que en las catedrales del cielo. Hasta allí se transporta, donde el sol nunca se gira, y las flores son eternas en los labios del poeta.
Permanece "la niña" en el cielo, único lugar, donde los ojos del poeta, se confunden con el color de las olivas...y de su mirada brotan palabras como aceite, como ungüento que cura heridas...Es imposible que, "la niña" no desee trenzar el alma del poeta que tan bien la narra....
Me ha encantado tu poema, Oskar.
Y creo que de cada frase, de cada estrofa, se puede escribir un salmo con alas de ave, que llegue a los cielos, donde se encuentra "la niña"
Bienvenido, poeta...
Sandra...

PD. ¿Conoces el canto de los mirlos? Es para mi gusto, el canto de aves más maravilloso...Hacen como gorgoritos con su "garganta".
La niña como bien dices debe estar allí, debe estar trenzando en su espacio nacarado, en su corazón de tierna fruta, con sus manos pequeñas y menuda altura pero grande en intenciones, con esa boca deliciosa hecha para besar, si estará trenzando mi camino hacia sus interiores mientras me espera con sus cosas, con sus paseos, con sus carreras diarias, en su día a día.
Y el mirlo, su trino es maravilloso Sandra que en este poema he querido hacer un homenaje.
Gracias por tu bienvenida...
 

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