Alfredo Grajales Sosa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Al señor pedí licencia
para que un ángel bajara,
que mi vida acompañara
y me otorgó tu presencia;
como premio a mi insistencia
llegó un ser maravilloso:
lleno de amor, bondadoso
que en sus alas me cobija;
así a mí alma regocija,
complaciente y generoso.
Ha resultado grandioso
toda esta vida a su lado
me mantiene enamorado
con ese amor luminoso;
por su brillo poderoso
que hasta al mismo sol opaca
con su resplandor ataca
dando a la luna su brillo;
quien pende como un zarcillo,
y en la penumbra destaca.
Si mi vida fuera poco
para amarte eternamente
no importara que la gente
me tachara por un loco;
las puertas del cielo toco
cuando te tengo en mis brazos
sin que importe que a pedazos
el mundo se desmorone;
que tu amor no me abandone,
ni se rompan nuestros lazos.
De mi ser matas las penas
tan solo con tu mirada
de gran ternura impregnada
que recorre por mis venas;
cual perfume de azucenas
que en mis recuerdos evoco,
al tocar tu piel convoco
que converjan los latidos;
a la par de los suspiros,
que con mis besos provoco.
para que un ángel bajara,
que mi vida acompañara
y me otorgó tu presencia;
como premio a mi insistencia
llegó un ser maravilloso:
lleno de amor, bondadoso
que en sus alas me cobija;
así a mí alma regocija,
complaciente y generoso.
Ha resultado grandioso
toda esta vida a su lado
me mantiene enamorado
con ese amor luminoso;
por su brillo poderoso
que hasta al mismo sol opaca
con su resplandor ataca
dando a la luna su brillo;
quien pende como un zarcillo,
y en la penumbra destaca.
Si mi vida fuera poco
para amarte eternamente
no importara que la gente
me tachara por un loco;
las puertas del cielo toco
cuando te tengo en mis brazos
sin que importe que a pedazos
el mundo se desmorone;
que tu amor no me abandone,
ni se rompan nuestros lazos.
De mi ser matas las penas
tan solo con tu mirada
de gran ternura impregnada
que recorre por mis venas;
cual perfume de azucenas
que en mis recuerdos evoco,
al tocar tu piel convoco
que converjan los latidos;
a la par de los suspiros,
que con mis besos provoco.
Última edición: