La palabra

Juan Manuel era un niño alegre y vivaz, pero no vocalizaba bien. Lo aquejaba un trastorno de la voz.
Su logopeda había logrado buenos resultados en poco tiempo, pero el ambiente familiar no le era propicio, debiendo soportar la presión de quienes se sentían avergonzados e indignados por considerar que un niño tan feliz, extrovertido e inteligente, debiera poner mayor empeño para comunicarse correctamente.
Abuela, tíos y primos, sea por ignorancia y acaso por indolencia, asociaban su problema a un capricho más que a un trastorno.
La situación alcanzó el límite cuando la abuela, insensible y brusca, lo colocó frente a sí y mirándolo severamente le dijo:
—Eres igualito a tu madre. Menos mal que murió para no oírte. ¡Habla bien de una puta vez!
El niño, para asombro de la abuela, la miró, sonrió y besándole las manos pronunció una sola palabra, con suma claridad y perfecta dicción:
—Logopeda.
Toda la vida estamos aprendiendo, aunque esa lección debería haberla aprendido hacia medí siglo.
Querida prima: eres polifacética, escribes de todo y siempre bien.
Un beso
Alfonso Espinosa
 
Toda la vida estamos aprendiendo, aunque esa lección debería haberla aprendido hacia medí siglo.
Querida prima: eres polifacética, escribes de todo y siempre bien.
Un beso
Alfonso Espinosa

Y yo que pensaba que lo mío no era la prosa, ya ves, mi padre lo decía y yo, siempre le decía.

-Primer punto que exagerado eres, segundo, soy tú hija-.

Él que tenía más salía que un torero, jajajajaja, me respondía.

-Primero, no me repliques, soy tu padre, segundo, si no lo ves, casi mejor, así, no se te subirá nunca los humos-.

Un abrazo primo.
 
Juan Manuel era un niño alegre y vivaz, pero no vocalizaba bien. Lo aquejaba un trastorno de la voz.
Su logopeda había logrado buenos resultados en poco tiempo, pero el ambiente familiar no le era propicio, debiendo soportar la presión de quienes se sentían avergonzados e indignados por considerar que un niño tan feliz, extrovertido e inteligente, debiera poner mayor empeño para comunicarse correctamente.
Abuela, tíos y primos, sea por ignorancia y acaso por indolencia, asociaban su problema a un capricho más que a un trastorno.
La situación alcanzó el límite cuando la abuela, insensible y brusca, lo colocó frente a sí y mirándolo severamente le dijo:
—Eres igualito a tu madre. Menos mal que murió para no oírte. ¡Habla bien de una puta vez!
El niño, para asombro de la abuela, la miró, sonrió y besándole las manos pronunció una sola palabra, con suma claridad y perfecta dicción:
—Logopeda.
Ayyy Lucy, qué sorprendente final, la abuela quedaría estupefacta al ver a su nieto pronunciar una palabra de cuatro sílabas, pero nunca hay que hablarle a un niño así, con el cariño se consigue todo, es lo único que nunca falla y siempre hace falta. Me ha encantado leerte, mi querida amiga. Besazos con cariño y admiración.
 
Ayyy Lucy, qué sorprendente final, la abuela quedaría estupefacta al ver a su nieto pronunciar una palabra de cuatro sílabas, pero nunca hay que hablarle a un niño así, con el cariño se consigue todo, es lo único que nunca falla y siempre hace falta. Me ha encantado leerte, mi querida amiga. Besazos con cariño y admiración.

Amiga lomita, muy buenas tardes, contigo cierro mis ojos y mi ordenador, gracias y muchos besotes y un fuerte abrazo, siempre serás bien recibida en casa.
 
Juan Manuel era un niño alegre y vivaz, pero no vocalizaba bien. Lo aquejaba un trastorno de la voz.
Su logopeda había logrado buenos resultados en poco tiempo, pero el ambiente familiar no le era propicio, debiendo soportar la presión de quienes se sentían avergonzados e indignados por considerar que un niño tan feliz, extrovertido e inteligente, debiera poner mayor empeño para comunicarse correctamente.
Abuela, tíos y primos, sea por ignorancia y acaso por indolencia, asociaban su problema a un capricho más que a un trastorno.
La situación alcanzó el límite cuando la abuela, insensible y brusca, lo colocó frente a sí y mirándolo severamente le dijo:
—Eres igualito a tu madre. Menos mal que murió para no oírte. ¡Habla bien de una puta vez!
El niño, para asombro de la abuela, la miró, sonrió y besándole las manos pronunció una sola palabra, con suma claridad y perfecta dicción:
—Logopeda.
El niño en su sabiduria fue claro con la abuela y le dijo lo que exactamente necesitava.
me ha gustado mucho. saludos de luzyabsena
 

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