La partida estaba muy reñida. El segundo jugador estaba obligado a hacer un 'strike' en su último turno si quería ganar. Con un 'spare' sólo podía empatar... todo podía pasar. Sacó de su bolsillo un trapo de terciopelo y limpió cuidadosamente la bola. Su tacto no le acababa de gustar. Se jugaba mucho, y quería asegurar... Se guardó el trapo, desechó la bola, y se fue a la nevera... escogió una nueva cabeza... esta vez rapada completamente.
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Churrete