malco
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Equipo Revista "Eco y latido"
La primavera eres tú
Una brisa perfumada
aromada de jazmines
entrega sus pénsiles
anunciando la alborada.
Y de alejados jardines
recorriendo las distancias
escaparon hacia ti
las fragancias,
y de secreta manera
sobre tu piel entera
dejaron sus perfumes
y como fuego en la lumbre
florece en ti,
la primavera.
Renace esplendoroso el campo
reviven las arboledas
y en la anchura de las praderas,
el áureo verso de los trigales
se confunde en tú cabellera.
Brotan libres los manantiales
mana el agua a raudales
y en sus aguas claritas
flota tú silueta que incita
a encendidas pasiones
destrozando corazones
y deshojando margaritas.
Y las mariposas de tus ojos
pícaras revolotean
pero son simples antojos
que jugando coquetean,
y de sus coloridas alas
van saliendo los colores
que en encendidos rubores
se suben a tus mejillas
y que son la maravilla
de hermosos atardeceres
cuando lánguida y solitaria
de tristeza la tarde muere.
Más allá los colibrís
en tropel se alborotan,
libando del néctar,
que tiene tú boca,
que al probarlo trastocan
todos los sentidos,
y al momento te sientes
que ya estás perdido,
y como manso cordero
te vuelves cautivo
y por sus efluvios
quedas dormido.
Y en las ramas floridas
se escucha el trinar
de las aves del bosque en su despertar,
y cubierta de flores, engalanada,
ilumina el bosque, el sol de tu cara
y con tu hermosura que desespera
y que provoca mucha inquietud
declaro y lo juro
con suave tisú
¡la primavera, eres tú!
Una brisa perfumada
aromada de jazmines
entrega sus pénsiles
anunciando la alborada.
Y de alejados jardines
recorriendo las distancias
escaparon hacia ti
las fragancias,
y de secreta manera
sobre tu piel entera
dejaron sus perfumes
y como fuego en la lumbre
florece en ti,
la primavera.
Renace esplendoroso el campo
reviven las arboledas
y en la anchura de las praderas,
el áureo verso de los trigales
se confunde en tú cabellera.
Brotan libres los manantiales
mana el agua a raudales
y en sus aguas claritas
flota tú silueta que incita
a encendidas pasiones
destrozando corazones
y deshojando margaritas.
Y las mariposas de tus ojos
pícaras revolotean
pero son simples antojos
que jugando coquetean,
y de sus coloridas alas
van saliendo los colores
que en encendidos rubores
se suben a tus mejillas
y que son la maravilla
de hermosos atardeceres
cuando lánguida y solitaria
de tristeza la tarde muere.
Más allá los colibrís
en tropel se alborotan,
libando del néctar,
que tiene tú boca,
que al probarlo trastocan
todos los sentidos,
y al momento te sientes
que ya estás perdido,
y como manso cordero
te vuelves cautivo
y por sus efluvios
quedas dormido.
Y en las ramas floridas
se escucha el trinar
de las aves del bosque en su despertar,
y cubierta de flores, engalanada,
ilumina el bosque, el sol de tu cara
y con tu hermosura que desespera
y que provoca mucha inquietud
declaro y lo juro
con suave tisú
¡la primavera, eres tú!
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