cesar curiel
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya no tengo porque fingir,
mis dedos tiemblan por pulsar esas teclas
sabiendo que estas ahí,
convertida en pantalla, en hiedra.
Mis días huelen a luna,
pasan cual voraces enredaderas
lamiendo y lamiscando números
en el calendario, comiendo cuartos
de mi reloj preferido.
Pasan los días, los meses,
las noches son vacías,
aprovecho para masturbar mis recuerdos
con cada sonrisa agónica que me regala el tiempo
con tus besos que nunca llegan,
de tus ojos que miran muerte, silencio
y siempre vacio.
Una desoladora lengua que me arrastra
cual serpiente, una boca que me besa
y no siento nunca tu cariño;
¡por eso la busco a ella!
Esa La que entiende de pobrezas,
la que sufre a la par conmigo
la que espera mis llamadas
y sin embargo , se va a fornicar con mi mejor amigo.
Pero la quiero, la busco, la aguanto;
porque sabe que mi llanto
es un dogma que no tiene prefijo,
y así, la quiero.
Porque con su manto me llevara
al desencanto, a un mundo que no temo.
mis dedos tiemblan por pulsar esas teclas
sabiendo que estas ahí,
convertida en pantalla, en hiedra.
Mis días huelen a luna,
pasan cual voraces enredaderas
lamiendo y lamiscando números
en el calendario, comiendo cuartos
de mi reloj preferido.
Pasan los días, los meses,
las noches son vacías,
aprovecho para masturbar mis recuerdos
con cada sonrisa agónica que me regala el tiempo
con tus besos que nunca llegan,
de tus ojos que miran muerte, silencio
y siempre vacio.
Una desoladora lengua que me arrastra
cual serpiente, una boca que me besa
y no siento nunca tu cariño;
¡por eso la busco a ella!
Esa La que entiende de pobrezas,
la que sufre a la par conmigo
la que espera mis llamadas
y sin embargo , se va a fornicar con mi mejor amigo.
Pero la quiero, la busco, la aguanto;
porque sabe que mi llanto
es un dogma que no tiene prefijo,
y así, la quiero.
Porque con su manto me llevara
al desencanto, a un mundo que no temo.