PANYU DAMAC
Poeta asiduo al portal
En un campo de infinitos soles
juegas con la luz vetusta que nos llega a mares,
hecha de líquidos oros singulares,
como alimento para nuestros corazones.
Con cada parpadeo construyes,
horizontes zodiacales que me guían
nubes coalescentes que se desmigajan en tus dedos,
y evolucionan en notas pregnadas de vida...
Casi puedo tocar la puntas de tus pétalos,
pero el fuego que en ti borbota te protege, te ilumina,
quema todo cuanto va saliendo para convertirlo
en aspersión silábica que donde cae hace retoñar hasta la más dormida semilla:
Almacigo de letras, les basta tu luz,
como a mis jardines salvajes en flor,
que danzan en el viento azul
y descifran la lluvia, arrobados de color...
Deja de ser, y me lleva por un sinuoso tobogán de mesuras,
de corrimientos que se alejan en direcciones opuestas.
A dónde llegará, extendida en un océano de dudas,
cautivada por la selva, ensimismada al cielo, embebida en paz.
Por dónde pasará, corroyendo lo etéreo, musitando pan.
Quién la acompañará,
en esa pléyade de vidas que se sondean,
y atraen su propia luz, fuera de todo lugar...
Cuál de ellas será.
la que está más cerca, pero más allá...
Es lo que oiría si pusieras tu cabeza en mi pecho...
Una música desdoblada que discurriría por tus vertientes
una música que nadie más ha escuchado, que nadie más ha hecho.
La rica y melodiosa música que brota de las nacientes.
Allí donde no hay intérprete capaz de traerla,
sanará cada célula de mi cuerpo cansado,
poniéndola a vibrar en escalas de hermosas cadencias
compartiéndola en silencio con el ser amado.
juegas con la luz vetusta que nos llega a mares,
hecha de líquidos oros singulares,
como alimento para nuestros corazones.
Con cada parpadeo construyes,
horizontes zodiacales que me guían
nubes coalescentes que se desmigajan en tus dedos,
y evolucionan en notas pregnadas de vida...
Casi puedo tocar la puntas de tus pétalos,
pero el fuego que en ti borbota te protege, te ilumina,
quema todo cuanto va saliendo para convertirlo
en aspersión silábica que donde cae hace retoñar hasta la más dormida semilla:
Almacigo de letras, les basta tu luz,
como a mis jardines salvajes en flor,
que danzan en el viento azul
y descifran la lluvia, arrobados de color...
Deja de ser, y me lleva por un sinuoso tobogán de mesuras,
de corrimientos que se alejan en direcciones opuestas.
A dónde llegará, extendida en un océano de dudas,
cautivada por la selva, ensimismada al cielo, embebida en paz.
Por dónde pasará, corroyendo lo etéreo, musitando pan.
Quién la acompañará,
en esa pléyade de vidas que se sondean,
y atraen su propia luz, fuera de todo lugar...
Cuál de ellas será.
la que está más cerca, pero más allá...
Es lo que oiría si pusieras tu cabeza en mi pecho...
Una música desdoblada que discurriría por tus vertientes
una música que nadie más ha escuchado, que nadie más ha hecho.
La rica y melodiosa música que brota de las nacientes.
Allí donde no hay intérprete capaz de traerla,
sanará cada célula de mi cuerpo cansado,
poniéndola a vibrar en escalas de hermosas cadencias
compartiéndola en silencio con el ser amado.