Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Llamaron al tablón de la puerta.
Más abajo de la gomina, el láser de sus dientes.
No, señores, no me interesa instalar un paraíso
en la huerta de mis ancestros.
Creo que no entendieron, o tal vez sí.
Luego, de noche, rompieron un mosquitero
y entraron a la choza. Los escuché zumbar,
correr por las paredes, descolgar los retratos.
Sacudieron los armarios,
destrozaron las sartenes.
Más lejos, escuché que los cerdos entraban al gallinero,
las plumas volaban sin ave,
el maíz rodaba sobre las piedras
que crecían como ceniza leudada.
La vaca que nunca tuve repartía malteadas;
un beato de la CIA, bienaventuranzas.
El gato se compostó en su arenero sin fronteras claras.
Después, vinieron los taladros.
De los agujeros del piso brotaron alaridos de ambulancia,
el piso se cimbró cuando le arrancaron
sus cuarteaduras.
Luego el aire reventó como si en verdad volara
y supe que perdimos el jardín,
que el nogal se había rendido,
que las sábilas no restirían en la trinchera.
Las gritos de los niños de antes se hicieron más lejos,
sin alegría,
y después se los tragaron los relámpagos
entre una lluvia mustia sin música de fondo.
Estuve abrazando a mi perro para que no ladrará,
pero al amanecer, con los brazos vacíos,
salí de mi escondite a buscar su ladrido.
Ahora, todo a mi alrededor es arena deslumbrante.
Un conglomerado de galaxias Starlink.
Charcos muy azules con marco de sombrillas.
Palmeras sostenidas con alambres,
y a su amparo, gente pálida
y con gafas oscuras que sonríe
y sorbe sus lágrimas de una copa roja
mientras cuenta que perdió todo en el casino.
Una moza uniformada me da la bienvenida
sin disimular su asombro:
Can I help you, sir?
Le digo que estoy buscando a mi perro.
Welcome to… Paraíso Terrestre! Or terrenal?
Excúsame, ¿con tarjeta o en efectivo?
Más abajo de la gomina, el láser de sus dientes.
No, señores, no me interesa instalar un paraíso
en la huerta de mis ancestros.
Creo que no entendieron, o tal vez sí.
Luego, de noche, rompieron un mosquitero
y entraron a la choza. Los escuché zumbar,
correr por las paredes, descolgar los retratos.
Sacudieron los armarios,
destrozaron las sartenes.
Más lejos, escuché que los cerdos entraban al gallinero,
las plumas volaban sin ave,
el maíz rodaba sobre las piedras
que crecían como ceniza leudada.
La vaca que nunca tuve repartía malteadas;
un beato de la CIA, bienaventuranzas.
El gato se compostó en su arenero sin fronteras claras.
Después, vinieron los taladros.
De los agujeros del piso brotaron alaridos de ambulancia,
el piso se cimbró cuando le arrancaron
sus cuarteaduras.
Luego el aire reventó como si en verdad volara
y supe que perdimos el jardín,
que el nogal se había rendido,
que las sábilas no restirían en la trinchera.
Las gritos de los niños de antes se hicieron más lejos,
sin alegría,
y después se los tragaron los relámpagos
entre una lluvia mustia sin música de fondo.
Estuve abrazando a mi perro para que no ladrará,
pero al amanecer, con los brazos vacíos,
salí de mi escondite a buscar su ladrido.
Ahora, todo a mi alrededor es arena deslumbrante.
Un conglomerado de galaxias Starlink.
Charcos muy azules con marco de sombrillas.
Palmeras sostenidas con alambres,
y a su amparo, gente pálida
y con gafas oscuras que sonríe
y sorbe sus lágrimas de una copa roja
mientras cuenta que perdió todo en el casino.
Una moza uniformada me da la bienvenida
sin disimular su asombro:
Can I help you, sir?
Le digo que estoy buscando a mi perro.
Welcome to… Paraíso Terrestre! Or terrenal?
Excúsame, ¿con tarjeta o en efectivo?
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