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La siesta

Luis Adolfo

Poeta que considera el portal su segunda casa

La siesta: seis y media de la tarde.
Maldigo el despertar medio atontado.
Los gritos mi descanso han sepultado
y mi sangre iracunda aúlla y arde.

Primero oigo gritar:¡Muere! ¡Cobarde!
Después a otro chiquillo cabreado
le escucho suplicar ser perdonado
o al menos que su muerte se retarde.

Recuerdos de mi infancia omnipresentes
me devuelven a la isla deseada
de aquellos bucaneros tan valientes.

Mi loro, mi puñal y dos pendientes,
y al cinto el doble filo de mi espada.
¡A por ellos! No habrá supervivientes.
 
La siesta: seis y media de la tarde.
Maldigo el despertar medio atontado.
Los gritos mi descanso han sepultado
y mi sangre iracunda aúlla y arde.

Primero oigo gritar:¡Muere! ¡Cobarde!
Después a otro chiquillo cabreado
le escucho suplicar ser perdonado
o al menos que su muerte se retarde.

Recuerdos de mi infancia omnipresentes
me devuelven a la isla deseada
de aquellos bucaneros tan valientes.

Mi loro, mi puñal y dos pendientes,
y al cinto el doble filo de mi espada.
¡A por ellos! No habrá supervivientes.
Este soneto, querido Luis, que ya conocía lo veo crecer con el tiempo. Hasta recuerdo perfectamente el día que lo escribiste. Magnífico.
Con un abrazo fuerte.
Salva.
 
Bellísimo soneto, en el que mediante una transición prodigiosa, unes el aturdimiento del presente con la reminiscencias de la infancia, en esos instantes en los que sueño, realidad y recuerdos son una misma cosa. Recomiendo su lectura. Sal·ludos.

Me alegra muchísimo conocer tu favorable opinión sobre el soneto. Este ha sido reconocido con una mención de honor en un concurso de una web literaria, pero me fío más de las opiniones de algunos poetas de este foro, poetas especialistas como tú.
Abrazos y gracias.
 
Me ha gustado mucho, Luis Adolfo, una nostálgica historia hilvanada en catorce versos, pasando de la furia a la empatía con las voces del exterior en el que el autor ve su infancia reflejada. Desde luego que es difícil contar tanto en el breve espacio de un soneto.
Dentro de la historia destacaría la sonoridad del primer verso del segundo cuarteto que te mantiene alerta ante el cambio de discurso y también el terceto de cierre me parece especialmente conseguido.

Un saludo, un gusto leerte.
Oncina.
 
Me ha gustado mucho, Luis Adolfo, una nostálgica historia hilvanada en catorce versos, pasando de la furia a la empatía con las voces del exterior en el que el autor ve su infancia reflejada. Desde luego que es difícil contar tanto en el breve espacio de un soneto.
Dentro de la historia destacaría la sonoridad del primer verso del segundo cuarteto que te mantiene alerta ante el cambio de discurso y también el terceto de cierre me parece especialmente conseguido.

Un saludo, un gusto leerte.
Oncina.

Querido amigo, hace ya unos meses dormía plácidamente mi siesta de los domingos. Me desperté bruscamente. El motivo: los chillidos de uno críos que jugaban en el jardín de la urbanización. Entoncés cogí mi iPad que es donde escribo mis poemas y me puse a componer este soneto. Luego tras varias relecturas, alguna modificación, algo que es habitual en mi forma de escribir. Muchas gracias por tus palabras, son valiosas para mí. Abrazos, Sergio.
 
Última edición:
La siesta: seis y media de la tarde.
Maldigo el despertar medio atontado.
Los gritos mi descanso han sepultado
y mi sangre iracunda aúlla y arde.

Primero oigo gritar:¡Muere! ¡Cobarde!
Después a otro chiquillo cabreado
le escucho suplicar ser perdonado
o al menos que su muerte se retarde.

Recuerdos de mi infancia omnipresentes
me devuelven a la isla deseada
de aquellos bucaneros tan valientes.

Mi loro, mi puñal y dos pendientes,
y al cinto el doble filo de mi espada.
¡A por ellos! No habrá supervivientes.


Un soneto brillante sin duda donde haces del deporte nacional de la siesta un recuerdo de la infancia. Brillante y emotivo. Te felicito por este trabajo.

Un abrazo.

Mouse
 
La siesta: seis y media de la tarde.
Maldigo el despertar medio atontado.
Los gritos mi descanso han sepultado
y mi sangre iracunda aúlla y arde.

Primero oigo gritar:¡Muere! ¡Cobarde!
Después a otro chiquillo cabreado
le escucho suplicar ser perdonado
o al menos que su muerte se retarde.

Recuerdos de mi infancia omnipresentes
me devuelven a la isla deseada
de aquellos bucaneros tan valientes.

Mi loro, mi puñal y dos pendientes,
y al cinto el doble filo de mi espada.
¡A por ellos! No habrá supervivientes.
Creo que este hermoso soneto se merece ser rescatado.
Saludos.
Jazmín
 
Te agradezco muchísimo el detalle. Un fuerte abrazo, Jazmín.

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He leido ya los poemas de ese primer número. Te felicito. Me gusta su estructura que nos ofrece un resumen del punto de vista poético de cada autor. Además este número contiene poemas notables.
Un abrazo.
Jazmín
 
La siesta: seis y media de la tarde.
Maldigo el despertar medio atontado.
Los gritos mi descanso han sepultado
y mi sangre iracunda aúlla y arde.

Primero oigo gritar:¡Muere! ¡Cobarde!
Después a otro chiquillo cabreado
le escucho suplicar ser perdonado
o al menos que su muerte se retarde.

Recuerdos de mi infancia omnipresentes
me devuelven a la isla deseada
de aquellos bucaneros tan valientes.

Mi loro, mi puñal y dos pendientes,
y al cinto el doble filo de mi espada.
¡A por ellos! No habrá supervivientes.
Magnífico poema. Un placer leerte.
Saludos.
 
La siesta: seis y media de la tarde.
Maldigo el despertar medio atontado.
Los gritos mi descanso han sepultado
y mi sangre iracunda aúlla y arde.

Primero oigo gritar:¡Muere! ¡Cobarde!
Después a otro chiquillo cabreado
le escucho suplicar ser perdonado
o al menos que su muerte se retarde.

Recuerdos de mi infancia omnipresentes
me devuelven a la isla deseada
de aquellos bucaneros tan valientes.

Mi loro, mi puñal y dos pendientes,
y al cinto el doble filo de mi espada.
¡A por ellos! No habrá supervivientes.
Todos esos juegos "inocentes" sólo eran copia de lo que a diario veíamos. Saludos cordiales, Luis Adolfo.
 
Encantadora evocación de los juegos infantiles en un sueño de infancia transformado en un bonito poema.
Me encantan esos poemas cuentos, Luis Adolfo.
Saludos cordiales

Gracias May. Este poema surgíó un día que me despertaron unos muchachos que jugaban abajo en el jardín. Ja ja , qué majetes.


Muchas gracias

Te agradezco muchísimo el comentario. Un fuerte abrazo.


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