Luis Adolfo
Poeta que considera el portal su segunda casa
La siesta: seis y media de la tarde.
Maldigo el despertar medio atontado.
Los gritos mi descanso han sepultado
y mi sangre iracunda aúlla y arde.
Primero oigo gritar:¡Muere! ¡Cobarde!
Después a otro chiquillo cabreado
le escucho suplicar ser perdonado
o al menos que su muerte se retarde.
Recuerdos de mi infancia omnipresentes
me devuelven a la isla deseada
de aquellos bucaneros tan valientes.
Mi loro, mi puñal y dos pendientes,
y al cinto el doble filo de mi espada.
¡A por ellos! No habrá supervivientes.