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La sinfonía de las ratas

Marla

Poeta fiel al portal
Afinad el oído,
escuchad sus hirientes chillidos
en mitad de la noche
cuando el insomnio barre
las telarañas de la placidez,
como ardorosos cuchillos que rasgan
la quietud del silencio.

Imaginadlas
correteando por el inframundo,
royendo con fruición los esqueletos
de nuestros despojos.

Coro de ángeles rabilargos
agitándose en un cielo
de agua infecta.

Presentid su pseudohumana inteligencia,
escudriñando vuestra debilidad
con sus ojitos agudos
y profundos
o ebriamente sobrias,
jugando a los dados
con la sombra encogida
de Dios.

Ahora,
ampliad la cobertura
de vuestras miradas,

¿No las véis
pasearse entre la multitud?:
porte altivo, trajes impolutos,
sonrisas de mescal
y adormidera.

¿No sentís que hiela vuestra sangre
un escalofrío
cuando pasan cerca de vosotros?

Las delata
su grandilocuencia,
el hiriente olor a podredumbre
que parece fluir del aborto
de sus risas.

Tocad, hermanas, seguid tocando los violines
de vuestras ardientes gargantas:
nuestros pies están malditos.

Seguimos aplaudiendo vuestra música
infame.

Hace mucho que hemos agotado
nuestro limitado repertorio
de excusas
y creencias.

No podemos,
no sabemos
sino proseguir hasta la extenuación
escenificando
un vals de perdedores
mientras nuestros pies taladran
dulcemente
una tierra ya resquebrajada.
 
Afinad el oído,
escuchad sus hirientes chillidos
en mitad de la noche
cuando el insomnio barre
las telarañas de la placidez,
como ardorosos cuchillos que rasgan
la quietud del silencio.

Imaginadlas
correteando por el inframundo,
royendo con fruición los esqueletos
de nuestros despojos.

Coro de ángeles rabilargos
agitándose en un cielo
de agua infecta.

Presentid su pseudohumana inteligencia,
escudriñando vuestra debilidad
con sus ojitos agudos
y profundos
o ebriamente sobrias,
jugando a los dados
con la sombra encogida
de Dios.

Ahora,
ampliad la cobertura
de vuestras miradas,

¿No las véis
pasearse entre la multitud?:
porte altivo, trajes impolutos,
sonrisas de mescal
y adormidera.

¿No sentís que hiela vuestra sangre
un escalofrío
cuando pasan cerca de vosotros?

Las delata
su grandilocuencia,
el hiriente olor a podredumbre
que parece fluir del aborto
de sus risas.

Tocad, hermanas, seguid tocando los violines
de vuestras ardientes gargantas:
nuestros pies están malditos.

Seguimos aplaudiendo vuestra música
infame.

Hace mucho que hemos agotado
nuestro limitado repertorio
de excusas
y creencias.

No podemos,
no sabemos
sino proseguir hasta la extenuación
escenificando
un vals de perdedores
mientras nuestros pies taladran
dulcemente
una tierra ya resquebrajada.
Qué impresionante, nada que decir más que felicidades, has calcado parte de una sociedad, la otra, un 1%, cada día más apartada, acobardada y limitada, más no puede decir, solo me encantó la descripción y la fluidez de tu poema, feliz día poeta, un saludo
 
Qué impresionante, nada que decir más que felicidades, has calcado parte de una sociedad, la otra, un 1%, cada día más apartada, acobardada y limitada, más no puede decir, solo me encantó la descripción y la fluidez de tu poema, feliz día poeta, un saludo

Muy agradecida por tu felicitación, Mayca. Celebro que te haya gustado este poema. Un saludo.
 
Afinad el oído,
escuchad sus hirientes chillidos
en mitad de la noche
cuando el insomnio barre
las telarañas de la placidez,
como ardorosos cuchillos que rasgan
la quietud del silencio.

Imaginadlas
correteando por el inframundo,
royendo con fruición los esqueletos
de nuestros despojos.

Coro de ángeles rabilargos
agitándose en un cielo
de agua infecta.

Presentid su pseudohumana inteligencia,
escudriñando vuestra debilidad
con sus ojitos agudos
y profundos
o ebriamente sobrias,
jugando a los dados
con la sombra encogida
de Dios.

Ahora,
ampliad la cobertura
de vuestras miradas,

¿No las véis
pasearse entre la multitud?:
porte altivo, trajes impolutos,
sonrisas de mescal
y adormidera.

¿No sentís que hiela vuestra sangre
un escalofrío
cuando pasan cerca de vosotros?

Las delata
su grandilocuencia,
el hiriente olor a podredumbre
que parece fluir del aborto
de sus risas.

Tocad, hermanas, seguid tocando los violines
de vuestras ardientes gargantas:
nuestros pies están malditos.

Seguimos aplaudiendo vuestra música
infame.

Hace mucho que hemos agotado
nuestro limitado repertorio
de excusas
y creencias.

No podemos,
no sabemos
sino proseguir hasta la extenuación
escenificando
un vals de perdedores
mientras nuestros pies taladran
dulcemente
una tierra ya resquebrajada.
En ese baile perdido conjugas una sociedad sin sensibilidad, la representacion de
este teatro que quiere adornarse sin poder, sus ojos son el sentido que desmaya
a la vida. Han puesto tantos limites que sus dientes acerados rechinan.
una intensa obra. saludos amables de luzyabsenta
 
Afinad el oído,
escuchad sus hirientes chillidos
en mitad de la noche
cuando el insomnio barre
las telarañas de la placidez,
como ardorosos cuchillos que rasgan
la quietud del silencio.

Imaginadlas
correteando por el inframundo,
royendo con fruición los esqueletos
de nuestros despojos.

Coro de ángeles rabilargos
agitándose en un cielo
de agua infecta.

Presentid su pseudohumana inteligencia,
escudriñando vuestra debilidad
con sus ojitos agudos
y profundos
o ebriamente sobrias,
jugando a los dados
con la sombra encogida
de Dios.

Ahora,
ampliad la cobertura
de vuestras miradas,

¿No las véis
pasearse entre la multitud?:
porte altivo, trajes impolutos,
sonrisas de mescal
y adormidera.

¿No sentís que hiela vuestra sangre
un escalofrío
cuando pasan cerca de vosotros?

Las delata
su grandilocuencia,
el hiriente olor a podredumbre
que parece fluir del aborto
de sus risas.

Tocad, hermanas, seguid tocando los violines
de vuestras ardientes gargantas:
nuestros pies están malditos.

Seguimos aplaudiendo vuestra música
infame.

Hace mucho que hemos agotado
nuestro limitado repertorio
de excusas
y creencias.

No podemos,
no sabemos
sino proseguir hasta la extenuación
escenificando
un vals de perdedores
mientras nuestros pies taladran
dulcemente
una tierra ya resquebrajada.

Una plaga de cuerpos erguidos en su altivez, impunidad absoluta.
Me sabe a poco y a tanto a la vez...
Sinceras felicitaciones poetisa, cada encuentro con tus letras es un bienestar para mí, aunque reboses de denuncia, o quizás por eso...

Gran abrazo!

Palmira
 
Sabia manera de usar la imagen roedora, astuta, sigilosa y devastadora, de la rata para acusar la podredumbre humana oculta en las falsas imágenes y estereotipos que nos obligan a aceptar; prefiero la compañía de las que me agradecen con sus chillidos las sobras de mis consumos.

Muy bueno tu escrito, inteligente, sutil, contundente.
 
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