Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los chubascos llegaron después del alba,
y el cielo negro aún reverbera
En el camino inseguro, nebuloso
la inquietud acecha,
y en la inmensidad nevada te hundes
hasta el epicentro:
¡Oh cuidado con la Diosa imperativa!
El aire ha vibrado en tus costillas adánicas
Y sientes el temor en tu columna
y sientes el terror en tu estómago
y sientes el pánico volátil en cada partícula
y caes de rodillas,
gimiente, enrarecido por el desorden
debes aferrarte aquello,
cobijarte: tu debilidad debe fugarse a sus brazos
y absorber sus besos.
Bajo el manto obsceno
con tu garganta lidiando en el silencio
dejándote amar por completo,
amando tu desvelo, amándote como una
amapola en el frío, el helado viento,
es un amanecer despiadado
pues hay bestias al acecho.
y el cielo negro aún reverbera
En el camino inseguro, nebuloso
la inquietud acecha,
y en la inmensidad nevada te hundes
hasta el epicentro:
¡Oh cuidado con la Diosa imperativa!
El aire ha vibrado en tus costillas adánicas
Y sientes el temor en tu columna
y sientes el terror en tu estómago
y sientes el pánico volátil en cada partícula
y caes de rodillas,
gimiente, enrarecido por el desorden
debes aferrarte aquello,
cobijarte: tu debilidad debe fugarse a sus brazos
y absorber sus besos.
Bajo el manto obsceno
con tu garganta lidiando en el silencio
dejándote amar por completo,
amando tu desvelo, amándote como una
amapola en el frío, el helado viento,
es un amanecer despiadado
pues hay bestias al acecho.