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La sombra de sus ojos

elena morado

Poeta que considera el portal su segunda casa
Abuela, hueles a cerrado.

Le gustaba esconder bolitas de alcanfor
entre las sábanas.

Era pequeña, como yo cuando era pequeña.
Los niños que no tienen padres nunca crecen.

Llegué a pensar, que nació de la tierra,
como las manzanas. O de un espantapájaros,
cuando las figuritas de origami adornaban su cabeza.
Pudo ser una raíz de la higuera o del cerezo.
Un girasol o un perro.

Los días de sol, distinguía mi sombra entre los árboles:
las agujas bordaron sus ojos una noche,
cuando los niños no comen.

Creía en Dios. En la Iglesia su voz sobresalía por encima
de todas: abuela, más bajo. Deslizaba las cuentas
suavemente, pero ningún trece de diciembre
devolvió vida a sus ojos.

Mi abuela era tierra. Y una manzana.
Molinillos de viento y caramelos. Adoraba mi sombra,
me lo dijo una vez, en el camino de la higuera al cerezo.
Me gustaba mi abuela vestida de espantapájaros.
Mi abuela olía a cerrado. Y a girasoles.

Antonia Mauro
 
Abuela, hueles a cerrado.

Le gustaba esconder bolitas de alcanfor
entre las sábanas.

Era pequeña, como yo cuando era pequeña.
Los niños que no tienen padres nunca crecen.

Llegué a pensar, que nació de la tierra,
como las manzanas. O de un espantapájaros,
cuando las figuritas de origami adornaban su cabeza.
Pudo ser una raíz de la higuera o del cerezo.
Un girasol o un perro.

Los días de sol, distinguía mi sombra entre los árboles:
las agujas bordaron sus ojos una noche,
cuando los niños no comen.

Creía en Dios. En la Iglesia su voz sobresalía por encima
de todas: abuela, más bajo. Deslizaba las cuentas
suavemente, pero ningún trece de diciembre
devolvió vida a sus ojos.

Mi abuela era tierra. Y una manzana.
Molinillos de viento y caramelos. Adoraba mi sombra,
me lo dijo una vez, en el camino de la higuera al cerezo.
Me gustaba mi abuela vestida de espantapájaros.
Mi abuela olía a cerrado. Y a girasoles.

Antonia Mauro
Oh, qué poema tan hermoso, es gratificante este encuentro con, "la Poesía con mayúscula" en la mañana de este domingo.
Las abuelas de los niños sin padres, son tan mágicas, esa forma de amar de una abuela es una huella imborrable.
Hermosísimo cierre, compañera.
Felicidades.
Un abrazo.
Isabel

Mi abuela era tierra. Y una manzana.
Molinillos de viento y caramelos. Adoraba mi sombra,
me lo dijo una vez, en el camino de la higuera al cerezo.
Me gustaba mi abuela vestida de espantapájaros.
Mi abuela olía a cerrado. Y a girasoles.

 
Última edición:
Abuela, hueles a cerrado.

Le gustaba esconder bolitas de alcanfor
entre las sábanas.

Era pequeña, como yo cuando era pequeña.
Los niños que no tienen padres nunca crecen.

Llegué a pensar, que nació de la tierra,
como las manzanas. O de un espantapájaros,
cuando las figuritas de origami adornaban su cabeza.
Pudo ser una raíz de la higuera o del cerezo.
Un girasol o un perro.

Los días de sol, distinguía mi sombra entre los árboles:
las agujas bordaron sus ojos una noche,
cuando los niños no comen.

Creía en Dios. En la Iglesia su voz sobresalía por encima
de todas: abuela, más bajo. Deslizaba las cuentas
suavemente, pero ningún trece de diciembre
devolvió vida a sus ojos.

Mi abuela era tierra. Y una manzana.
Molinillos de viento y caramelos. Adoraba mi sombra,
me lo dijo una vez, en el camino de la higuera al cerezo.
Me gustaba mi abuela vestida de espantapájaros.
Mi abuela olía a cerrado. Y a girasoles.

Antonia Mauro

un poema tuani, como ya sabés toñi.

hay muchas y muchos que podrían aprender de vos en este foro.

salud.
 
Abuela, hueles a cerrado.

Le gustaba esconder bolitas de alcanfor
entre las sábanas.

Era pequeña, como yo cuando era pequeña.
Los niños que no tienen padres nunca crecen.

Llegué a pensar, que nació de la tierra,
como las manzanas. O de un espantapájaros,
cuando las figuritas de origami adornaban su cabeza.
Pudo ser una raíz de la higuera o del cerezo.
Un girasol o un perro.

Los días de sol, distinguía mi sombra entre los árboles:
las agujas bordaron sus ojos una noche,
cuando los niños no comen.

Creía en Dios. En la Iglesia su voz sobresalía por encima
de todas: abuela, más bajo. Deslizaba las cuentas
suavemente, pero ningún trece de diciembre
devolvió vida a sus ojos.

Mi abuela era tierra. Y una manzana.
Molinillos de viento y caramelos. Adoraba mi sombra,
me lo dijo una vez, en el camino de la higuera al cerezo.
Me gustaba mi abuela vestida de espantapájaros.
Mi abuela olía a cerrado. Y a girasoles.

Antonia Mauro
Son recuerdos que transportan y se nutren de detalles.
Un beso, Elena.
 
Abuela, hueles a cerrado.

Le gustaba esconder bolitas de alcanfor
entre las sábanas.

Era pequeña, como yo cuando era pequeña.
Los niños que no tienen padres nunca crecen.

Llegué a pensar, que nació de la tierra,
como las manzanas. O de un espantapájaros,
cuando las figuritas de origami adornaban su cabeza.
Pudo ser una raíz de la higuera o del cerezo.
Un girasol o un perro.

Los días de sol, distinguía mi sombra entre los árboles:
las agujas bordaron sus ojos una noche,
cuando los niños no comen.

Creía en Dios. En la Iglesia su voz sobresalía por encima
de todas: abuela, más bajo. Deslizaba las cuentas
suavemente, pero ningún trece de diciembre
devolvió vida a sus ojos.

Mi abuela era tierra. Y una manzana.
Molinillos de viento y caramelos. Adoraba mi sombra,
me lo dijo una vez, en el camino de la higuera al cerezo.
Me gustaba mi abuela vestida de espantapájaros.
Mi abuela olía a cerrado. Y a girasoles.

Antonia Mauro


Hasta parece que te veo, te imagino claro junto a tu abuela, hay cariños tan entrañables que solo se pueden describir así, con el alma y con aromas y voces que no se olvidan.
Elena (Antonia) que bueno es leerte, transportarnos en tus memorias hechas versos. Un abrazoooo
 
Abuela, hueles a cerrado.

Le gustaba esconder bolitas de alcanfor
entre las sábanas.

Era pequeña, como yo cuando era pequeña.
Los niños que no tienen padres nunca crecen.

Llegué a pensar, que nació de la tierra,
como las manzanas. O de un espantapájaros,
cuando las figuritas de origami adornaban su cabeza.
Pudo ser una raíz de la higuera o del cerezo.
Un girasol o un perro.

Los días de sol, distinguía mi sombra entre los árboles:
las agujas bordaron sus ojos una noche,
cuando los niños no comen.

Creía en Dios. En la Iglesia su voz sobresalía por encima
de todas: abuela, más bajo. Deslizaba las cuentas
suavemente, pero ningún trece de diciembre
devolvió vida a sus ojos.

Mi abuela era tierra. Y una manzana.
Molinillos de viento y caramelos. Adoraba mi sombra,
me lo dijo una vez, en el camino de la higuera al cerezo.
Me gustaba mi abuela vestida de espantapájaros.
Mi abuela olía a cerrado. Y a girasoles.

Antonia Mauro


¡Un admirable poema de amor!
Saludinesss
Elena
 
Abuela, hueles a cerrado.

Le gustaba esconder bolitas de alcanfor
entre las sábanas.

Era pequeña, como yo cuando era pequeña.
Los niños que no tienen padres nunca crecen.

Llegué a pensar, que nació de la tierra,
como las manzanas. O de un espantapájaros,
cuando las figuritas de origami adornaban su cabeza.
Pudo ser una raíz de la higuera o del cerezo.
Un girasol o un perro.

Los días de sol, distinguía mi sombra entre los árboles:
las agujas bordaron sus ojos una noche,
cuando los niños no comen.

Creía en Dios. En la Iglesia su voz sobresalía por encima
de todas: abuela, más bajo. Deslizaba las cuentas
suavemente, pero ningún trece de diciembre
devolvió vida a sus ojos.

Mi abuela era tierra. Y una manzana.
Molinillos de viento y caramelos. Adoraba mi sombra,
me lo dijo una vez, en el camino de la higuera al cerezo.
Me gustaba mi abuela vestida de espantapájaros.
Mi abuela olía a cerrado. Y a girasoles.

Antonia Mauro

Hermoso. Sublime. Tierno.
Un poema que nos lleva y nos trae navegando en el sentimiento de la más bella imágen: la abuela querida.
Un encanto de poema y un placer visitarte ...

Anthua62
 
Abuela, hueles a cerrado.

Le gustaba esconder bolitas de alcanfor
entre las sábanas.

Era pequeña, como yo cuando era pequeña.
Los niños que no tienen padres nunca crecen.

Llegué a pensar, que nació de la tierra,
como las manzanas. O de un espantapájaros,
cuando las figuritas de origami adornaban su cabeza.
Pudo ser una raíz de la higuera o del cerezo.
Un girasol o un perro.

Los días de sol, distinguía mi sombra entre los árboles:
las agujas bordaron sus ojos una noche,
cuando los niños no comen.

Creía en Dios. En la Iglesia su voz sobresalía por encima
de todas: abuela, más bajo. Deslizaba las cuentas
suavemente, pero ningún trece de diciembre
devolvió vida a sus ojos.

Mi abuela era tierra. Y una manzana.
Molinillos de viento y caramelos. Adoraba mi sombra,
me lo dijo una vez, en el camino de la higuera al cerezo.
Me gustaba mi abuela vestida de espantapájaros.
Mi abuela olía a cerrado. Y a girasoles.

Antonia Mauro
Ver en ese ser unico la femineidad y a la vez cada uno de los detalles que
se enmarcan y dan imagen a un realismo unico. el amor asi entregado
a su recuerdo y ejemplos vitales entregados. bellissimo.
saludos de luzyabsenta
 
Oh, qué poema tan hermoso, es gratificante este encuentro con, "la Poesía con mayúscula" en la mañana de este domingo.
Las abuelas de los niños sin padres, son tan mágicas, esa forma de amar de una abuela es una huella imborrable.
Hermosísimo cierre, compañera.
Felicidades.
Un abrazo.
Isabel

Mi abuela era tierra. Y una manzana.
Molinillos de viento y caramelos. Adoraba mi sombra,
me lo dijo una vez, en el camino de la higuera al cerezo.
Me gustaba mi abuela vestida de espantapájaros.
Mi abuela olía a cerrado. Y a girasoles.


Muchas gracias Isabel.
Es gratificante que hayas disfrutado el poema.
Otro abrazo para ti.
 
Hasta parece que te veo, te imagino claro junto a tu abuela, hay cariños tan entrañables que solo se pueden describir así, con el alma y con aromas y voces que no se olvidan.
Elena (Antonia) que bueno es leerte, transportarnos en tus memorias hechas versos. Un abrazoooo

Hola maja, estabas aquí?
Tengo muchos recuerdos. Y uno de los que más grabados tengo, es verla a mi lado, agarrada a mi brazo, apretaba tan fuerte que dejaba sus dedos clavados en mi carne: Abuela, no aprietes tanto, me lastimas.

Otro abrazo fuerte para ti.
 
Última edición:
Abuela, hueles a cerrado.

Le gustaba esconder bolitas de alcanfor
entre las sábanas.

Era pequeña, como yo cuando era pequeña.
Los niños que no tienen padres nunca crecen.

Llegué a pensar, que nació de la tierra,
como las manzanas. O de un espantapájaros,
cuando las figuritas de origami adornaban su cabeza.
Pudo ser una raíz de la higuera o del cerezo.
Un girasol o un perro.

Los días de sol, distinguía mi sombra entre los árboles:
las agujas bordaron sus ojos una noche,
cuando los niños no comen.

Creía en Dios. En la Iglesia su voz sobresalía por encima
de todas: abuela, más bajo. Deslizaba las cuentas
suavemente, pero ningún trece de diciembre
devolvió vida a sus ojos.

Mi abuela era tierra. Y una manzana.
Molinillos de viento y caramelos. Adoraba mi sombra,
me lo dijo una vez, en el camino de la higuera al cerezo.
Me gustaba mi abuela vestida de espantapájaros.
Mi abuela olía a cerrado. Y a girasoles.

Antonia Mauro
Hermosas metáforas para describir a la abuela. Un dulce poema. Disfruté leerlo.
 
Esta poesía es preciosa, Elena.

Ojalá hubiese conocido yo a algún abuelo o abuela mía.

Te deseo un buen año a ti y los tuyos.

Muchas gracias.
Yo recuerdo a mi abuela materna cantándome siempre cuando dormía con ella. No puedo tener mejor recuerdo. Algunas personas no quieren juntar a sus hijos con sus "viejos". Una pena porque no hay mejor legado. Ni que la vejez fuese igual de contagiosa que la estupidez o la maldad.
Y a la otra, mi abuela paterna italiana, comiéndome a besos porque no podía disfrutarme todos los días. Sólo los veranos y en alguna escapada.

Gracias. Lo mismo para ti y los tuyos.
 
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