—No hay vida sin camino ni camino sin vida—,
me decía un abuelo mientras de su petaca,
raída por el uso, esparcía la muerte
pronta sobre la cómplice blanca y prieta vestida.
Para que seas libre de la indigna cloaca
que involuntario llevas, precisas de la fuerte
constancia en tu carácter por no ser bien querida
como persona extraña y, mote calandraca.
Escupe los silencios que agigantan la cuita
y no pongas vallados que te impidan la suelta
rauda de la raigambre, porque ella no te quiere.
Partí sin decir nada, pues ya nada me quita
la gana de partir ni de darme la vuelta;
porque yo soy del mundo que no mata ni hiere.
Entre tierras insólitas se ubica mi inocencia,
mi juventud perdida y mi otoñal paciencia.
Gavase
me decía un abuelo mientras de su petaca,
raída por el uso, esparcía la muerte
pronta sobre la cómplice blanca y prieta vestida.
Para que seas libre de la indigna cloaca
que involuntario llevas, precisas de la fuerte
constancia en tu carácter por no ser bien querida
como persona extraña y, mote calandraca.
Escupe los silencios que agigantan la cuita
y no pongas vallados que te impidan la suelta
rauda de la raigambre, porque ella no te quiere.
Partí sin decir nada, pues ya nada me quita
la gana de partir ni de darme la vuelta;
porque yo soy del mundo que no mata ni hiere.
Entre tierras insólitas se ubica mi inocencia,
mi juventud perdida y mi otoñal paciencia.
Gavase
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