Dvaldés
Poeta que considera el portal su segunda casa
Déjame convivir sin el remache
de la tecla pulsada con dureza
que la migraña invade mi cabeza
al percutir tu viejo cachivache.
El blanco amanecer es azabache
y tú, tecla que tecla con presteza,
ya no quiero escuchar, me da pereza.
Mi rostro pinta ojeras de mapache.
No distingues la noche ya del día,
absorto en tus jueguitos juveniles
a todos sin horario les das caña.
No quiero parecer un policía
pero el tecleo atenta mis abriles
y el sueño no consiente tanta maña.
Dvaldés