Minona
Poeta fiel al portal
Abrí la ventana del salón.
Allí estaba el paisaje de edificios altos,
miles de rostros anónimos, mirándome.
Hacía calor.
El viento soplaba suave,
pegué el oído a la boca del viento
que me enredó el pelo.
Su lengua, su saliva blanca,
vino a mi corazón
a través de lágrimas espumosas.
Sentí el frescor de septiembre,
como en aquellos días
en los que el mar baila con el cielo.
Abrí la ventana y perdí la razón
porque vi un ángel que me traía olas
y un hondo silencio.
Ahora mi corazón está en la orilla
donde tantas veces lloré de amor.
Ahora pertenezco a sus olas y a sus deseos,
ya no soy nunca más yo misma.
Allí estaba el paisaje de edificios altos,
miles de rostros anónimos, mirándome.
Hacía calor.
El viento soplaba suave,
pegué el oído a la boca del viento
que me enredó el pelo.
Su lengua, su saliva blanca,
vino a mi corazón
a través de lágrimas espumosas.
Sentí el frescor de septiembre,
como en aquellos días
en los que el mar baila con el cielo.
Abrí la ventana y perdí la razón
porque vi un ángel que me traía olas
y un hondo silencio.
Ahora mi corazón está en la orilla
donde tantas veces lloré de amor.
Ahora pertenezco a sus olas y a sus deseos,
ya no soy nunca más yo misma.