La voz que en mí se oculta y se despierta
no nace de los labios ni del pecho;
es brasa silenciosa, nunca muerta,
que arde en la soledad de mi despecho.
No pide ser oída, ni obedece,
su ley es el fulgor del pensamiento;
no impone su verdad ni la enaltece,
mas pesa como el tiempo y como el viento.
La razón es el puente que la guía,
el juicio que ilumina lo invisible,
y en medio de la noche o al mediodia,
la hace firme, serena, indivisible.
No teme al laberinto ni al abismo,
pues sabe que en sí misma es claridad,
y aún en lo oscuro crea su lirismo,
descubre la verdad en su piedad.
Conciencia es el altar del ser profundo,
razón, su fiel palabra y su medida
y juntas dan sentido a este segundo
donde el alma se afirma, eterna y viva.
no nace de los labios ni del pecho;
es brasa silenciosa, nunca muerta,
que arde en la soledad de mi despecho.
No pide ser oída, ni obedece,
su ley es el fulgor del pensamiento;
no impone su verdad ni la enaltece,
mas pesa como el tiempo y como el viento.
La razón es el puente que la guía,
el juicio que ilumina lo invisible,
y en medio de la noche o al mediodia,
la hace firme, serena, indivisible.
No teme al laberinto ni al abismo,
pues sabe que en sí misma es claridad,
y aún en lo oscuro crea su lirismo,
descubre la verdad en su piedad.
Conciencia es el altar del ser profundo,
razón, su fiel palabra y su medida
y juntas dan sentido a este segundo
donde el alma se afirma, eterna y viva.