Scarlata, leyendo los comentarios de tu club de fans (que son muchos y de los buenos) me encontré con éste tuyo. Yo creo que todos nos pasa lo mismo. Escribimos no para reflejar el mundo exterior, sino el interior. Para dar respuestas a nuestras propias preguntas, a explicarnos nuestra propia historia.
O por lo menos es el tipo de poetas que a mí me gustan. Gente que escribió una obra tan vasta, y que si te fijas el registro es un ir y venir, darle vueltas y más vueltas a unos pocos temas. ¿Quieres que apele al "argumento de autoridad"? El nuestro Borges, con sus sempiternos laberintos, espejos, tiempos circulares, el olvido, y esa búsqueda de un más allá en el que dice no creer pero con el que tropieza y vuelve a tropezar.
O Walt Whitman, que escribió un solo libro en toda su vida, Hojas de hierba, y eso que murió anciano. Lo escribía, lo reescribía, lo ampliaba.
Salinas, que desde sus primeros poemas (1922) ya está esa voz a la que luego hará diez años luego La voz a tí debida, el cenit de su creación amorosa. Para luego, pasado el gran amor, dedicar El contemplado y posteriores con un registro muy similar, ya sin los ardores de la pasión romántica, pero con toda la reflexión que tuvo aquella
Y Guillén... y la lista es larga.
Neruda puede ser una excepción, pero tuvo su larga lista de detractores por su veleidoso histrionismo (y no son unos nenes de pecho), con lo cual tengo para mí que si bien tenía el don de "escribir lindo", es superficial, salvo en contadas excepciones (algunas Odas elementales, por ejemplo)
Ah, y una tal Scarlata, que por allí transitaverdas patinosas, y ni siquiera se consiera poeta, como la mayoría de los grandes que en el mundo han sido