Las aceras también hablan de tí.
De las olas que,
inertes, riegan
la solución de tu nombre.
Y todo lo que soy se asesina
sobre tu hermetismo injusto.
Hay rastros de verdades
esdrújulas
en las miradas de los transeuntes.
Y huellas vacías
de pasos.
Pasos que nunca son tus pasos.
Multitud de ojos que miran.
De bocas que se esparcen
en palabras huecas.
Pero nunca son tus ojos
y nunca es tu boca.
Y las aceras,
una vez más, te nombran.
Dicen lejos.
Y, entre la multitud, esquivan
roces inapetentes.
Tantos cuerpos
y ninguno habla...
Sigo deambulando
por el vientre desnudo
de la ciudad.
Y el paisaje se tiñe,
como siempre,
de estar sola.
la soledad trae memorias inborrables del corazón
es por eso que hasta las calles parecen tener nombres conocidos.
muy bellos a pesar de la nostalgia tus versos amiga poeta.
un abrazo.