En el relámpago del neón descubro el dulce labio
de la sed. Ven al sismo inigualable del deseo, deja
que brote el carmín en tu premura indócil, acaricia
la nieve de esta noche insólita con los dedos de la ceniza
blanca. Se oye el mar como un lánguido eclipse, de pronto
cabalgan los murciélagos hacia el nido donde moriré de un amor
sin tiempo. Nada se escucha que no sea el sol de mi vientre
cuando se acerca a tus muslos, igual que una serpiente perdida
bajo tu falda que anunciara el estallido de los ejes en la prontitud
de mi índice cálido. Explora el vértice de la humedad, abre el surco
de lo innombrable, el encuentro que se busca en la noche
del frenesí como un torrente sin diques, como un río
sin término.
de la sed. Ven al sismo inigualable del deseo, deja
que brote el carmín en tu premura indócil, acaricia
la nieve de esta noche insólita con los dedos de la ceniza
blanca. Se oye el mar como un lánguido eclipse, de pronto
cabalgan los murciélagos hacia el nido donde moriré de un amor
sin tiempo. Nada se escucha que no sea el sol de mi vientre
cuando se acerca a tus muslos, igual que una serpiente perdida
bajo tu falda que anunciara el estallido de los ejes en la prontitud
de mi índice cálido. Explora el vértice de la humedad, abre el surco
de lo innombrable, el encuentro que se busca en la noche
del frenesí como un torrente sin diques, como un río
sin término.