• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Las formas del aire

penabad57

Poeta veterano en el portal
Un equinoccio de claridad en su latido,
ejerce su músculo impúber batiendo los alares,
las cornisas, la aguerrida copa de un árbol,
el trazado univoco de las estériles margaritas.

Es su aullido una tiniebla,
el cofre exacto que se abre al dolor,
la ciénaga sutil donde viven los pájaros que huyen del sol.

Su bramido clama en los campos,
empuja los trenes perdidos,
confunde a las gaviotas que arrojan su frenesí
sobre las cangrejas de los galeones,
cuando su llegada es un jardín de espumas
y ya solo se escucha la voz etérea del trueno.

Ven, con tu estertor de apocalipsis,
cúbreme con la hostia caustica de tu gemido,
suenan tus trompetas de Jericó en los goznes del cristal,
un temblor de cuadernas, de sillares,
de paja y mármol, de granito y boj,
de cúpulas como bulbos, de olas que se alzan inclementes
y caen abismadas por tu noche
hacia la simiente del mar,
tu vorágine de alacrán agónico,
el útero donde se ahoga el viento de tanto aullar.

Eres un silbido de fuente,
una voz triste que roza al ciprés del cementerio rojo,
el hacha que, lentamente, acaricia la piedra
hasta el hueso de su columna,
hasta el alfil que resiste como un carámbano confuso.

Pero también eres brisa, dulce amor en la piel,
tibia luz, cálida como el aliento de un niño,
virgen hasta que la lluvia llega
y te cabalga como un semental de agua,
agotándote o respondiendo encabritada,
lúcida, perversa,
ágil como un junco que se cimbrea en la raíz del aire.
 
Última edición:
Un equinoccio blanco en su latido,
ejerce su músculo de aurora batiendo los alares,
las cornisas, la aguerrida copa de un árbol,
el trazado univoco donde mueren las margaritas.

Es su aullido una tiniebla,
el cofre exacto que se abre al dolor,
la ciénaga donde viven los pájaros que huyen del sol.

Su bramido clama en los campos,
empuja los trenes perdidos,
confunde a las gaviotas que arrojan su frenesí
sobre las cangrejas de los barcos,
cuando su llegada es un jardín de espumas
y ya solo se escucha la voz etérea del trueno.

Ven, con tu estertor de apocalipsis,
cúbreme con la hostia caustica de tu lamento,
suenan tus trompetas de Jericó en los goznes del cristal,
un temblor de cuadernas, de sillares,
de paja y mármol, de granito y boj,
de cúpulas como bulbos, de olas que se alzan inclementes
y caen empujadas por tu noche
hacia la simiente del mar,
tu vorágine de alacrán enfermo,
tu vientre donde se ahoga el viento de tanto aullar.

Eres un silbido de fuente,
una llaga triste que roza el ciprés del cementerio rojo,
el hacha que, lentamente, desnuda la piedra
hasta el hueso de su columna,
hasta el alfil que resiste como un carámbano confuso.

Pero también eres brisa, dulce amor en la piel,
tibia o de frio mortal, cálida como el aliento de un niño,
virgen hasta que la lluvia llega
y te cabalga como un semental de agua,
agotándote o respondiendo encabritada,
lúcida, perversa,
ágil como un junco que se comba en la cruz del aire.


Tus metáforas son maravillosas y tu creatividad, inagotable.
Fue un gusto dejarte mi huella.
Un abrazo.
 
Un equinoccio de claridad en su latido,
ejerce su músculo impúber batiendo los alares,
las cornisas, la aguerrida copa de un árbol,
el trazado univoco de las estériles margaritas.

Es su aullido una tiniebla,
el cofre exacto que se abre al dolor,
la ciénaga sutil donde viven los pájaros que huyen del sol.

Su bramido clama en los campos,
empuja los trenes perdidos,
confunde a las gaviotas que arrojan su frenesí
sobre las cangrejas de los galeones,
cuando su llegada es un jardín de espumas
y ya solo se escucha la voz etérea del trueno.

Ven, con tu estertor de apocalipsis,
cúbreme con la hostia caustica de tu gemido,
suenan tus trompetas de Jericó en los goznes del cristal,
un temblor de cuadernas, de sillares,
de paja y mármol, de granito y boj,
de cúpulas como bulbos, de olas que se alzan inclementes
y caen abismadas por tu noche
hacia la simiente del mar,
tu vorágine de alacrán agónico,
el útero donde se ahoga el viento de tanto aullar.

Eres un silbido de fuente,
una voz triste que roza al ciprés del cementerio rojo,
el hacha que, lentamente, acaricia la piedra
hasta el hueso de su columna,
hasta el alfil que resiste como un carámbano confuso.

Pero también eres brisa, dulce amor en la piel,
tibia luz, cálida como el aliento de un niño,
virgen hasta que la lluvia llega
y te cabalga como un semental de agua,
agotándote o respondiendo encabritada,
lúcida, perversa,
ágil como un junco que se cimbrea en la raíz del aire.
Establecer esa adaptabilidad del viento que se añade completo
a esos canceles de imagineria unica y que desgranas entre
metaforas de concavidad perfecta. me ha gustado mucho
la estrofa que se inicia con "silbido de fuente".
felicidades por el poema y saludos amables de luzyabsenta
 
Pero también eres brisa, dulce amor en la piel,
tibia luz, cálida como el aliento de un niño,
virgen hasta que la lluvia llega
y te cabalga como un semental de agua,
agotándote o respondiendo encabritada,
lúcida, perversa,
ágil como un junco que se cimbrea en la raíz del aire.

...Transportas al viento en un viaje sensorial,
donde manejas perfectamente la fuerza de las palabras. Aplausos
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba