Dayane Martínez Gálvez
Poeta recién llegado
Nocturno en mí, en la claridad de mis días,
en las caminatas bajo la lluvia y la arboleda:
hojas que acarician mi rostro, lo besan, lo humedecen con el rocío del alba.
Hojas que se desprenden de la arboleda que observa mis pasos hastiados,
hojas que se desprenden, despavoridas de la naturaleza que las concibió bajo el firmamento virgen.
Hojas que caen agonizantes hasta la finitud del concreto,
tal como cae mi espíritu por el peso de mi cuerpo,
sometiéndose así a mis dolores sensoriales: a mis pesares terrenales.
Algunas hojas también, que angustian mis entrañas
a través de caricias esquivas a mi corporalidad,
pues ya la corporalidad es consustancial con la sombra,
sombra que es reafirmada en su existencia solo para el ente solar.
en las caminatas bajo la lluvia y la arboleda:
hojas que acarician mi rostro, lo besan, lo humedecen con el rocío del alba.
Hojas que se desprenden de la arboleda que observa mis pasos hastiados,
hojas que se desprenden, despavoridas de la naturaleza que las concibió bajo el firmamento virgen.
Hojas que caen agonizantes hasta la finitud del concreto,
tal como cae mi espíritu por el peso de mi cuerpo,
sometiéndose así a mis dolores sensoriales: a mis pesares terrenales.
Algunas hojas también, que angustian mis entrañas
a través de caricias esquivas a mi corporalidad,
pues ya la corporalidad es consustancial con la sombra,
sombra que es reafirmada en su existencia solo para el ente solar.