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Las horas malditas del anochecer

penabad57

Poeta veterano en el portal
Yacían las cataratas del ensueño bajo la lápida de los días taciturnos

y no eras tú la voz de marfil en la caracola que un océano libre

convirtió en un laberinto de ciudades perdidas entre las rutas blancas

del resplandor cuando, sin preaviso, volvías del azul con las enaguas al aire,

ya toda tú caracol de lentas heridas tras el maquillaje de las plazas,

sorprendida por los lirios y el verdor de unos ojos que callaban al sentir

las islas del horizonte parpadear como faros de noviembre en la inmensidad

acuosa de los espejos, y fue el silencio del cristal, sin escritura, sin la húmeda

yema solazándose bajo el corazón de un nombre quien devolvió al mar

y a la liturgia de los trenes un ritmo de flechas ágiles como espigas de lluvia

cayendo igual que las horas malditas del anochecer si es que no está tu cicatriz

en la desvelada canción de los dulces pájaros que esconden bajo su plumaje

oráculos incumplidos donde ya no existe el rumor de las mil consignas que te nombran.
 
Última edición:
Yacían las cataratas del ensueño bajo la lápida de los días taciturnos

y no eras tú la voz de marfil en la caracola que un océano libre

convirtió en un laberinto de ciudades perdidas entre las rutas blancas

del resplandor cuando, sin preaviso, volvías del azul con las enaguas al aire,

ya toda tú caracol de lentas heridas tras el maquillaje de las plazas,

sorprendida por los lirios y el verdor de unos ojos que callaban al sentir

las islas del horizonte parpadear como faros de noviembre en la inmensidad

acuosa de los espejos, y fue el silencio del cristal, sin escritura, sin la húmeda

yema solazándose bajo el corazón de un nombre quien devolvió al mar

y a la liturgia de los trenes un ritmo de flechas ágiles como espigas de lluvia

cayendo igual que las horas malditas del anochecer si es que no está tu cicatriz

en la desvelada canción de los dulces pájaros que esconden bajo su plumaje

oráculos incumplidos donde ya no existe el rumor de las mil consignas que te nombran.
Dulce melodía.

Saludos
 
Yacían las cataratas del ensueño bajo la lápida de los días taciturnos

y no eras tú la voz de marfil en la caracola que un océano libre

convirtió en un laberinto de ciudades perdidas entre las rutas blancas

del resplandor cuando, sin preaviso, volvías del azul con las enaguas al aire,

ya toda tú caracol de lentas heridas tras el maquillaje de las plazas,

sorprendida por los lirios y el verdor de unos ojos que callaban al sentir

las islas del horizonte parpadear como faros de noviembre en la inmensidad

acuosa de los espejos, y fue el silencio del cristal, sin escritura, sin la húmeda

yema solazándose bajo el corazón de un nombre quien devolvió al mar

y a la liturgia de los trenes un ritmo de flechas ágiles como espigas de lluvia

cayendo igual que las horas malditas del anochecer si es que no está tu cicatriz

en la desvelada canción de los dulces pájaros que esconden bajo su plumaje

oráculos incumplidos donde ya no existe el rumor de las mil consignas que te nombran.
Maravilla de poema que me lleva casi a la asfixia por la ausencia de puntuación, no obstante, no paré de leerlo hasta el fin. Un gusto leerte.
 
Yacían las cataratas del ensueño bajo la lápida de los días taciturnos

y no eras tú la voz de marfil en la caracola que un océano libre

convirtió en un laberinto de ciudades perdidas entre las rutas blancas

del resplandor cuando, sin preaviso, volvías del azul con las enaguas al aire,

ya toda tú caracol de lentas heridas tras el maquillaje de las plazas,

sorprendida por los lirios y el verdor de unos ojos que callaban al sentir

las islas del horizonte parpadear como faros de noviembre en la inmensidad

acuosa de los espejos, y fue el silencio del cristal, sin escritura, sin la húmeda

yema solazándose bajo el corazón de un nombre quien devolvió al mar

y a la liturgia de los trenes un ritmo de flechas ágiles como espigas de lluvia

cayendo igual que las horas malditas del anochecer si es que no está tu cicatriz

en la desvelada canción de los dulces pájaros que esconden bajo su plumaje

oráculos incumplidos donde ya no existe el rumor de las mil consignas que te nombran.

Excelentes versos nos regalas de buena mañana poeta. Siempre es un placer iniciar el dia sumergido en tu obra.
Un fuerte abrazo.
 
Yacían las cataratas del ensueño bajo la lápida de los días taciturnos

y no eras tú la voz de marfil en la caracola que un océano libre

convirtió en un laberinto de ciudades perdidas entre las rutas blancas

del resplandor cuando, sin preaviso, volvías del azul con las enaguas al aire,

ya toda tú caracol de lentas heridas tras el maquillaje de las plazas,

sorprendida por los lirios y el verdor de unos ojos que callaban al sentir

las islas del horizonte parpadear como faros de noviembre en la inmensidad

acuosa de los espejos, y fue el silencio del cristal, sin escritura, sin la húmeda

yema solazándose bajo el corazón de un nombre quien devolvió al mar

y a la liturgia de los trenes un ritmo de flechas ágiles como espigas de lluvia

cayendo igual que las horas malditas del anochecer si es que no está tu cicatriz

en la desvelada canción de los dulces pájaros que esconden bajo su plumaje

oráculos incumplidos donde ya no existe el rumor de las mil consignas que te nombran.


Grato pasar a leerte, saludos.
Alfredo
 
Yacían las cataratas del ensueño bajo la lápida de los días taciturnos

y no eras tú la voz de marfil en la caracola que un océano libre

convirtió en un laberinto de ciudades perdidas entre las rutas blancas

del resplandor cuando, sin preaviso, volvías del azul con las enaguas al aire,

ya toda tú caracol de lentas heridas tras el maquillaje de las plazas,

sorprendida por los lirios y el verdor de unos ojos que callaban al sentir

las islas del horizonte parpadear como faros de noviembre en la inmensidad

acuosa de los espejos, y fue el silencio del cristal, sin escritura, sin la húmeda

yema solazándose bajo el corazón de un nombre quien devolvió al mar

y a la liturgia de los trenes un ritmo de flechas ágiles como espigas de lluvia

cayendo igual que las horas malditas del anochecer si es que no está tu cicatriz

en la desvelada canción de los dulces pájaros que esconden bajo su plumaje

oráculos incumplidos donde ya no existe el rumor de las mil consignas que te nombran.
Fantástica poesía llena de imágenes que te transportan a ese mundo donde la poesía se convierte en sueños. Un abrazo Penabad con la pluma del alma
 
Yacían las cataratas del ensueño bajo la lápida de los días taciturnos

y no eras tú la voz de marfil en la caracola que un océano libre

convirtió en un laberinto de ciudades perdidas entre las rutas blancas

del resplandor cuando, sin preaviso, volvías del azul con las enaguas al aire,

ya toda tú caracol de lentas heridas tras el maquillaje de las plazas,

sorprendida por los lirios y el verdor de unos ojos que callaban al sentir

las islas del horizonte parpadear como faros de noviembre en la inmensidad

acuosa de los espejos, y fue el silencio del cristal, sin escritura, sin la húmeda

yema solazándose bajo el corazón de un nombre quien devolvió al mar

y a la liturgia de los trenes un ritmo de flechas ágiles como espigas de lluvia

cayendo igual que las horas malditas del anochecer si es que no está tu cicatriz

en la desvelada canción de los dulces pájaros que esconden bajo su plumaje

oráculos incumplidos donde ya no existe el rumor de las mil consignas que te nombran.
Excelente cierre.
Un placer leerte
SAludos
 
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