Zulma Martínez
Mar azul...
Noble anciano, andar cansino;
lentitud... letargo... resignación.
Resecos los labios,
encorvada la silueta,
temblorosas las manos
aferradas a un bastón.
Vidriosos los ojos,
ajado el semblante
y el gorrión de los recuerdos
acallado en un rincón.
Árbol envejecido
sin frutales esperanzas,
devenir rutinario,
lentos domingos de sol;
sonrisa forzada
para disfrazar heridas
y crónicas desazones
del corazón.
En apurados vaivenes,
la vida, a su lado pasa;
es soplo tenaz
de enloquecido viento,
el transcurrir del hoy.
Lenta la mente,
abarrotada de olvidos,
inútiles oídos
negados a escuchar.
Nostalgia, tristeza, confusión.
Avanzar no es lo suyo.
Vivir es dar vueltas y más vueltas
lentamente, por siempre, alrededor,
esperando el momento
de acondicionar el equipaje
para emprender ese viaje
del que ya le habló esa voz:
su voz interior.
lentitud... letargo... resignación.
Resecos los labios,
encorvada la silueta,
temblorosas las manos
aferradas a un bastón.
Vidriosos los ojos,
ajado el semblante
y el gorrión de los recuerdos
acallado en un rincón.
Árbol envejecido
sin frutales esperanzas,
devenir rutinario,
lentos domingos de sol;
sonrisa forzada
para disfrazar heridas
y crónicas desazones
del corazón.
En apurados vaivenes,
la vida, a su lado pasa;
es soplo tenaz
de enloquecido viento,
el transcurrir del hoy.
Lenta la mente,
abarrotada de olvidos,
inútiles oídos
negados a escuchar.
Nostalgia, tristeza, confusión.
Avanzar no es lo suyo.
Vivir es dar vueltas y más vueltas
lentamente, por siempre, alrededor,
esperando el momento
de acondicionar el equipaje
para emprender ese viaje
del que ya le habló esa voz:
su voz interior.