No me gustan las cercas ni tampoco los dueños
que las cultivan para delimitar las vistas
de sus encantos —vivos o muertos—, de pequeños
o inabarcables lienzos de estampas intimistas.
Próximos a las fauces de sus bordes, risueños
arroyos diseminan interminables listas
de savias: sementeras libres de crear sueños
indómitos, sin amos ariscos y egoístas.
Semillas, de visiones ignoradas, replican
el paisaje de ancestros en fuegos renovados
y, ávidos de presencias cálidas y constantes.
Legados homogéneos crecen, se multiplican
y asientan en las lindes de sus tuertos cercados,
viejos y carcomidos en contrarios semblantes.
Restos de otros instantes,
crecidos en el mismo lar de sus almas puras
y guardianes cosidos a sus propias venturas.
Gavase
que las cultivan para delimitar las vistas
de sus encantos —vivos o muertos—, de pequeños
o inabarcables lienzos de estampas intimistas.
Próximos a las fauces de sus bordes, risueños
arroyos diseminan interminables listas
de savias: sementeras libres de crear sueños
indómitos, sin amos ariscos y egoístas.
Semillas, de visiones ignoradas, replican
el paisaje de ancestros en fuegos renovados
y, ávidos de presencias cálidas y constantes.
Legados homogéneos crecen, se multiplican
y asientan en las lindes de sus tuertos cercados,
viejos y carcomidos en contrarios semblantes.
Restos de otros instantes,
crecidos en el mismo lar de sus almas puras
y guardianes cosidos a sus propias venturas.
Gavase