Miguel Font
Poeta que considera el portal su segunda casa
La Gran Esfinge en Guiza
atestigua su estirpe y su nobleza,
fulgor que se desliza
con tierna sutileza
por su lomo de espléndida belleza
Labrado en su atavismo
el rostro de la vida es una siesta,
y abstraído en sí mismo
su arbitrio manifiesta
sentado en el lugar que más molesta.
De joven a longevo,
luce sus aficiones más innatas,
rayar el sofá nuevo
y embelesar sus patas
con la sonoridad del abrelatas.
Detrás de sus pupilas
brillantes de enigmático felino
retozan las sibilas
que cargan el destino
de alumbrar y escoltarnos el camino.
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