Mariate
Poeta recién llegado
LIVIANA.
No hables, aùn, espera. Me has tocado
los ojos con tus dedos, y he llorado.
Quédate asì, en silencio. Nada es mas grato
al alma mìa, que el roce de tus manos.
Me miraste un instante
y sabes, ha bastado… sin quererlo
me he metido en tu cuerpo.
He estado un poco loca últimamente
escuchando las almas de aquellos
que quizás hayan muerto,
o se han ido de sus cuerpos…el mìo,
lo dejè a tu cuidado.
¡Me pesa el corazòn! suéltame, amado,
es mucho el peso en tus manos
¡Me pesa el mundo!… espera, llévame
en tus brazos, me harè liviana
fina, como sierpe dorada, harè de ave…
¡Me pesan estas voces!
hace tiempo que me agotan, me desgastan
No me hagas caso, tù que me silencias
sòlo tu pecho me contiene, deja
que me sostenga en tì… vacìame,
haz que todo este peso de loca vagabunda
de salvaje lobezna, cazadora furtiva
en sepulcros de versos, amante
desbocada, deja que todo salga
que vomite en estrellas de pùrpuras mejillas,
que salga como suele
salìrsenos la vida, de golpe, alborotada,
y estarè màs liviana,
serè rosa o crisálida, ni un dejo de tormentas
en mis ojos ya mansos… la muerte
no ha podido con sus manos de piedra
¡Tan grande era mi peso!
Quédate asì, callado, no hables todavía
aùn estoy en tu cuerpo, y sabes,
me asaltan estas ansias de loba en celo
y quisiera devorarte por dentro, pero
pasas tus dedos por mis ojos, y siento
que muero dulcemente…
abràzame de nuevo, las voces ya se han ido,
nada es màs grato al alma mìa
que estar entre tus brazos.
¡Es tan leve el silencio!
No hables, aùn, espera. Me has tocado
los ojos con tus dedos, y he llorado.
Quédate asì, en silencio. Nada es mas grato
al alma mìa, que el roce de tus manos.
Me miraste un instante
y sabes, ha bastado… sin quererlo
me he metido en tu cuerpo.
He estado un poco loca últimamente
escuchando las almas de aquellos
que quizás hayan muerto,
o se han ido de sus cuerpos…el mìo,
lo dejè a tu cuidado.
¡Me pesa el corazòn! suéltame, amado,
es mucho el peso en tus manos
¡Me pesa el mundo!… espera, llévame
en tus brazos, me harè liviana
fina, como sierpe dorada, harè de ave…
¡Me pesan estas voces!
hace tiempo que me agotan, me desgastan
No me hagas caso, tù que me silencias
sòlo tu pecho me contiene, deja
que me sostenga en tì… vacìame,
haz que todo este peso de loca vagabunda
de salvaje lobezna, cazadora furtiva
en sepulcros de versos, amante
desbocada, deja que todo salga
que vomite en estrellas de pùrpuras mejillas,
que salga como suele
salìrsenos la vida, de golpe, alborotada,
y estarè màs liviana,
serè rosa o crisálida, ni un dejo de tormentas
en mis ojos ya mansos… la muerte
no ha podido con sus manos de piedra
¡Tan grande era mi peso!
Quédate asì, callado, no hables todavía
aùn estoy en tu cuerpo, y sabes,
me asaltan estas ansias de loba en celo
y quisiera devorarte por dentro, pero
pasas tus dedos por mis ojos, y siento
que muero dulcemente…
abràzame de nuevo, las voces ya se han ido,
nada es màs grato al alma mìa
que estar entre tus brazos.
¡Es tan leve el silencio!