sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Llegó encendida la vela,
donde los deseos eran como mariposas en cera,
para dejar marcada la huella de un beso,
que al derramar su carta de bienvenida presencia
consiguió que las huellas fueran de luces
y sus vuelos de sueños,
pues no pudo caer al secreto
y dejaba sus alas en verso,
durmiendo su cuerpo en lo eterno
cayendo su voz a mi encuentro.
Miradas entre los cuerpos
columnas de fuego
filas de deseos
haciéndose el cuerpo
viviendo las frases
que al corazón ha muerto.
Coincidencia de luminosidad
arte de saber cantar
al pobre latido
que quiso su amor estrellar.
Llego su palpito
cubrió
su miedo al morir
se hizo paso
entre la oscuridad
de espejos mirando a su mar.
Y cuando llegó hacia su ola
la espuma empezó a llorar
y su cuerpo ya no era de sal
pues al haber sufrido su mal
fue quemado por las arenas
arrancado de sus venas
y justo cuando volvió a llorar
puso su nombre a la triste orilla
que a sus labios pudo dar.
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