Llovizna

Llovizna


Llueve silencios detrás
de la boca donde la lengua
ataja el precipicio;

te me haces eco en el páramo
de los sentidos que hoy emergen
cual mariposa de su capullo.


Se siente el quiebre, ese

chasquido intermitente
de las posturas del cuerpo al levantarse
de la aurora inverosímil de su reflejo,
y es que se fisura como
vidrio segmentado
luego del golpe de la piedra,
y aún así,
me queda tu nombre en el génesis del
agua en el glácil que la congela.


Costumbre mía,

mala costumbre la mía
que todo me duela y no sepa discernir
de miradas que se columpian
en el transitar de la nada…
Paso de nuevo a deleitarme con tu poema, Rosmery, es genial!!
Te lo subo, para que todos lo lean, un abrazo desde nuestra hermosa tierra Caribeña, que nos inspira a escribir estas bellezas.
Saludos y abrazo. Azalea.
 
"Llueve sobre mi mano; tiernamente la lluvia ya sin soles, con la plegaria de sus gotas indistintas. Llueve en tus ojos al leerme, en la soledad del verso herido, llueve, en mi ciudad desventurada, en esta tarde desojada, aquí en el sur... de lluvia leve." [gustavo cavicchia]

cariños Rosmery.

Un bellísimo poema de agua y de cariño desavenido, en la madera sensible del poeta.

Te felicito.
 
Última edición:
Llovizna


Llueve silencios detrás
de la boca donde la lengua
ataja el precipicio;

te me haces eco en el páramo
de los sentidos que hoy emergen
cual mariposa de su capullo.


Se siente el quiebre, ese

chasquido intermitente
de las posturas del cuerpo al levantarse
de la aurora inverosímil de su reflejo,
y es que se fisura como
vidrio segmentado
luego del golpe de la piedra,
y aún así,
me queda tu nombre en el génesis del
agua en el glácil que la congela.


Costumbre mía,

mala costumbre la mía
que todo me duela y no sepa discernir
de miradas que se columpian
en el transitar de la nada…
la lluvia es el herraje del alma mi querida niña, y a veces las miradas ajenas son solo estigmas de los que mejor dejar que la llovizno borre y pasar desapercibidos.

siempre poetiza de las mías.
bello poema Ros.

bechos
 
Llovizna


Llueve silencios detrás
de la boca donde la lengua
ataja el precipicio;

te me haces eco en el páramo
de los sentidos que hoy emergen
cual mariposa de su capullo.


Se siente el quiebre, ese

chasquido intermitente
de las posturas del cuerpo al levantarse
de la aurora inverosímil de su reflejo,
y es que se fisura como
vidrio segmentado
luego del golpe de la piedra,
y aún así,
me queda tu nombre en el génesis del
agua en el glácil que la congela.


Costumbre mía,

mala costumbre la mía
que todo me duela y no sepa discernir
de miradas que se columpian
en el transitar de la nada…
Profundos versos. Un gusto leerte, Rosmery.
Saludos.
 

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