Mi añorada niñez, turbia te siento;
tanto, que los recuerdos los abrazo
-con esmero- y con miedo a que un pedazo
se desprenda, y con él, varíe el cuento.
Detalles que se cuelan sin asiento
fijo, y encuentran orden en el trazo
severo de mi pluma; sin rechazo
a nada, porque nada queda exento.
La niebla me permite ver lo justo
y necesario para permitirme
plasmar el bien escaso que he vivido.
Pero también el palo, afín e injusto,
que la vida me da y, pone firme;
como una alerta roja ante el descuido.
Gavase
tanto, que los recuerdos los abrazo
-con esmero- y con miedo a que un pedazo
se desprenda, y con él, varíe el cuento.
Detalles que se cuelan sin asiento
fijo, y encuentran orden en el trazo
severo de mi pluma; sin rechazo
a nada, porque nada queda exento.
La niebla me permite ver lo justo
y necesario para permitirme
plasmar el bien escaso que he vivido.
Pero también el palo, afín e injusto,
que la vida me da y, pone firme;
como una alerta roja ante el descuido.
Gavase
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