Mi primer poema romántico:
Tu cabello rojo arde como fuego en mi pecho,
como sangre apasionada que corre derecho al corazón deshecho,
y sin entender la razón, me enciendes, me atrapas,
me haces temblar con emociones que el alma no tapa.
No es solo el rojo que ilumina tu cabello brillante,
es la ternura que presiento en ti a cada instante,
esa emoción y carácter que invaden mi alma dormida
y se quedan en lo más profundo, dándole sentido a mi vista.
Tu color no habla solamente de pasión encendida,
en ti significa refugio, emoción y una calma querida.
Eres como un atardecer pintado en el cielo lejano,
como una rosa escarlata despertando temprano,
como un ciruelo en verano floreciendo sin temor,
como racimos de guindas y uvas teñidas de color.
Tan intensa como el fuego que despiertas en mi pecho,
tan linda como un ángel aparecido entre sueños y pensamientos.
Por qué me atraes? Por qué me pierdo en tu mirada?
Porque en tu brillo encuentro una ilusión inesperada,
y en tu luz me descubro aunque el mundo se derrumbe lento,
porque tu brillante piel morena se quedó viviendo en mi pensamiento.
Cuando la soledad me mata en el silencio del genérico día,
cierro los ojos y siento tu presencia todavía,
volviendo distinto mi día,
esperándome entre recuerdos, suspiros y latidos,
como si verte fuera un verdadero privilegio.
Te quiero, te adoro, te anhelo sin medida,
porque el tinte de tu figura le dio color a mi vida.
Tu esencia se volvió mi más sincero amor,
como si tu cabello guardara dentro el calor del sol.
Desde lejos te miro y un escalofrío me recorre entero,
como si el mundo desapareciera y todo fuera sincero.
Pero cuando siquiera pienso en hablarte de frente,
el miedo me derrumba lentamente,
porque amarte así de fuerte y en distancia contenido
también deja el corazón herido.
Pelirroja querida, pelirroja amada, déjate querer,
aunque no tenga aspecto, ni mucho extravagante que ofrecer.
Quizás no tengo derecho a estar enamorado,
quizás debería dejar para siempre el pasado,
pero sí tengo derecho a admirarte en calma,
a perderme en tu belleza y quedarme sin alma.
Seguro para ti soy alguien más entre la gente,
un rostro pasajero perdido lentamente,
pero cuando el destino me aleje de tu presencia,
seguiré amando tu cabello con paciencia,
como quien contempla un paisaje imposible de tocar,
pero demasiado hermoso para dejar de amar.
Tu cabello rojo arde como fuego en mi pecho,
como sangre apasionada que corre derecho al corazón deshecho,
y sin entender la razón, me enciendes, me atrapas,
me haces temblar con emociones que el alma no tapa.
No es solo el rojo que ilumina tu cabello brillante,
es la ternura que presiento en ti a cada instante,
esa emoción y carácter que invaden mi alma dormida
y se quedan en lo más profundo, dándole sentido a mi vista.
Tu color no habla solamente de pasión encendida,
en ti significa refugio, emoción y una calma querida.
Eres como un atardecer pintado en el cielo lejano,
como una rosa escarlata despertando temprano,
como un ciruelo en verano floreciendo sin temor,
como racimos de guindas y uvas teñidas de color.
Tan intensa como el fuego que despiertas en mi pecho,
tan linda como un ángel aparecido entre sueños y pensamientos.
Por qué me atraes? Por qué me pierdo en tu mirada?
Porque en tu brillo encuentro una ilusión inesperada,
y en tu luz me descubro aunque el mundo se derrumbe lento,
porque tu brillante piel morena se quedó viviendo en mi pensamiento.
Cuando la soledad me mata en el silencio del genérico día,
cierro los ojos y siento tu presencia todavía,
volviendo distinto mi día,
esperándome entre recuerdos, suspiros y latidos,
como si verte fuera un verdadero privilegio.
Te quiero, te adoro, te anhelo sin medida,
porque el tinte de tu figura le dio color a mi vida.
Tu esencia se volvió mi más sincero amor,
como si tu cabello guardara dentro el calor del sol.
Desde lejos te miro y un escalofrío me recorre entero,
como si el mundo desapareciera y todo fuera sincero.
Pero cuando siquiera pienso en hablarte de frente,
el miedo me derrumba lentamente,
porque amarte así de fuerte y en distancia contenido
también deja el corazón herido.
Pelirroja querida, pelirroja amada, déjate querer,
aunque no tenga aspecto, ni mucho extravagante que ofrecer.
Quizás no tengo derecho a estar enamorado,
quizás debería dejar para siempre el pasado,
pero sí tengo derecho a admirarte en calma,
a perderme en tu belleza y quedarme sin alma.
Seguro para ti soy alguien más entre la gente,
un rostro pasajero perdido lentamente,
pero cuando el destino me aleje de tu presencia,
seguiré amando tu cabello con paciencia,
como quien contempla un paisaje imposible de tocar,
pero demasiado hermoso para dejar de amar.