Vicente Fernández-Cortés
Poeta que considera el portal su segunda casa
Loba capitolina
Te quiero y te requiero a ras del desamparo.
A mi extravío te asomas para invadirme todo
y atarazar mi estrella de imperios constelados
donde aceras tu estirpe de mil ferocidades.
Apaciguo de espantos tu fiera acometida,
te clamo y te reclamo,
te sigo y te aposento al filo de tu acecho.
Te habito en la orfandad de mi fluvial remanso,
en la vidriera inmensa de tu feroz pupila
-compañera de lunas y de escarchas-
para mirarte así, Luperca augusta,
rendida a mi apetito de Rómulo patricio.
Prestigiaré tu casta de universal nodriza,
en mi garganta hambrienta te ensancho y te prolongo.
Y extenderé mi cuna nutrido de tu celo
-alimentado infante que emprende su linaje-
bruñido de tus bronces
a un palmo de tu vientre palatino.
Te quiero y te requiero a ras del desamparo.
A mi extravío te asomas para invadirme todo
y atarazar mi estrella de imperios constelados
donde aceras tu estirpe de mil ferocidades.
Apaciguo de espantos tu fiera acometida,
te clamo y te reclamo,
te sigo y te aposento al filo de tu acecho.
Te habito en la orfandad de mi fluvial remanso,
en la vidriera inmensa de tu feroz pupila
-compañera de lunas y de escarchas-
para mirarte así, Luperca augusta,
rendida a mi apetito de Rómulo patricio.
Prestigiaré tu casta de universal nodriza,
en mi garganta hambrienta te ensancho y te prolongo.
Y extenderé mi cuna nutrido de tu celo
-alimentado infante que emprende su linaje-
bruñido de tus bronces
a un palmo de tu vientre palatino.
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