Zillah
Poeta recién llegado
Los payasos tristes, los huesos bronceados.
Hay sonrisas torcidas en los rostros sucios
de mis amigos, ecos de carcajadas idiotas.
Inventamos todas las muecas en este yermo
de barro, bañados en lejía, las lagrimas de Abel.
No sentíamos el dolor como niños, éramos algo
más, algún tipo de criatura capaz de ver magia
en cada mirada, éramos los hijos de alguna ninfa.
Una noche besé los ojos de una niña ramera,
nunca fui inocente, nunca fui puro. Desde que
tengo memoria comencé a decaer, siempre
atraído por los monstruos que habitan el sótano
de mi alma. Todo el abracadabra de este mundo
habitaba en mi niñez, vengo de un paraíso oscuro.
Había miríadas de yerbas ancestrales, estaban todas
las especias que hacen del chartreuse un licor de
dioses, estaban todas mis pequeñas hermanas de piel
gris y ojos verdes, mis futuras esposas, mis victimas.
Aun estoy ahí, jamás deje ese paraíso, sigo siendo
un niño infernal, sigo embriagándome en el barro
Hay sonrisas torcidas en los rostros sucios
de mis amigos, ecos de carcajadas idiotas.
Inventamos todas las muecas en este yermo
de barro, bañados en lejía, las lagrimas de Abel.
No sentíamos el dolor como niños, éramos algo
más, algún tipo de criatura capaz de ver magia
en cada mirada, éramos los hijos de alguna ninfa.
Una noche besé los ojos de una niña ramera,
nunca fui inocente, nunca fui puro. Desde que
tengo memoria comencé a decaer, siempre
atraído por los monstruos que habitan el sótano
de mi alma. Todo el abracadabra de este mundo
habitaba en mi niñez, vengo de un paraíso oscuro.
Había miríadas de yerbas ancestrales, estaban todas
las especias que hacen del chartreuse un licor de
dioses, estaban todas mis pequeñas hermanas de piel
gris y ojos verdes, mis futuras esposas, mis victimas.
Aun estoy ahí, jamás deje ese paraíso, sigo siendo
un niño infernal, sigo embriagándome en el barro
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