José Benito
Poeta fiel al portal
No recuerdo en qué quiosco, ni cuál fue la revista
que algún banal anuncio mostraba en la portada,
pero hace muchos años que su protagonista
vívida en mi memoria permanece grabada.
Ya no serás la misma que aquel día lejano
robado por la usura del viento de la vida,
¡mas aún figuro nombres, en mi delirio vano
por auspiciar el tuyo, fugaz desconocida!
Alzaban tus cabellos las olas de tus senos
como del violonchelo las cuerdas bien templadas
que añoran ser tañidas en dulces desenfrenos,
musicales hechizos de encantadoras hadas.
Mis sueños te quisieran ver hecha Dulcinea,
ubérrima de besos y plena de consuelo,
jaspeante de luceros cual brillante presea
que me urgiese a Quijote por ansia de tu cielo.
Lo que fuiste esperanza lo robó el desengaño,
la luna cuya fuerza conmueve a la marea.
Desvaneció tu falta mi anhelo año tras año,
como al irse Calisto se llevó a Melibea.
Y ya de la experiencia la lumbre me arrebata
el favor que la sombra concede a aquel que sueña,
que en un vuelo celeste por el éter, desata
ecos de aquel deseo de nombrarte mi dueña.
José Benito Freijanes Martínez
que algún banal anuncio mostraba en la portada,
pero hace muchos años que su protagonista
vívida en mi memoria permanece grabada.
Ya no serás la misma que aquel día lejano
robado por la usura del viento de la vida,
¡mas aún figuro nombres, en mi delirio vano
por auspiciar el tuyo, fugaz desconocida!
Alzaban tus cabellos las olas de tus senos
como del violonchelo las cuerdas bien templadas
que añoran ser tañidas en dulces desenfrenos,
musicales hechizos de encantadoras hadas.
Mis sueños te quisieran ver hecha Dulcinea,
ubérrima de besos y plena de consuelo,
jaspeante de luceros cual brillante presea
que me urgiese a Quijote por ansia de tu cielo.
Lo que fuiste esperanza lo robó el desengaño,
la luna cuya fuerza conmueve a la marea.
Desvaneció tu falta mi anhelo año tras año,
como al irse Calisto se llevó a Melibea.
Y ya de la experiencia la lumbre me arrebata
el favor que la sombra concede a aquel que sueña,
que en un vuelo celeste por el éter, desata
ecos de aquel deseo de nombrarte mi dueña.
José Benito Freijanes Martínez
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