Manos

Luis Á. Ruiz Peradejordi

Poeta que considera el portal su segunda casa
Enmudecieron las manos, aquellas que hablaban en gestos concisos, breves o bien en amplios movimientos, poniendo énfasis en todo aquello que su ser entero estaba diciendo.
Reposan ya en el regazo yerto, en el frío del tiempo que termina. Aquellas manos que guiaron mis pasos, las que me llenaron de caricias, las que me dieron impulso para salir al mundo.
Manos que se unieron a las mías para enseñarme las primeras oraciones. Manos que tejieron ropas que vestí cuando era niño.
Aquellas manos cálidas, amorosas, rebosantes de cariño, callaron para siempre ; se detuvieron para un instante eterno, como un gesto de adiós a mano alzada, como en otras ocasiones hacía para despedirse de nosotros.
Manos que curaban heridas, daban, frente al dolor, consuelo; manos templadas que aliviaban el frío de la nieve en mis dedos.
Beso tus manos, madre, con un beso profundo, entero y serio.
Un último beso que viva siempre en mi recuerdo.
 
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Enmudecieron las manos, aquellas que hablaban en gestos concisos, breves o bien en amplios movimientos, poniendo énfasis en todo aquello que su ser entero estaba diciendo.
Reposan ya en el regazo yerto, en el frío del tiempo que termina. Aquellas manos que guiaron mis pasos, las que me llenaron de caricias, las que me dieron impulso para salir al mundo.
Manos que se unieron a las mías para enseñarme las primeras oraciones. Manos que tejieron ropas que vestí cuando era niño.
Aquellas manos cálidas, amorosas, rebosantes de cariño, callaron para siempre ; se detuvieron para un
instante eterno, como un gesto de adiós a mano alzada, como en otras ocasiones hacía para despedirse de nosotros.
Manos que curaban heridas, daban, frente al dolor, consuelo; manos templadas que aliviaban el frío de la nieve en mis dedos.
Beso tus manos, madre, con un beso profundo, entero y serio.
Un último beso que viva siempre en mi recuerdo.

Solo los que amamos mucho, amamos bien y amamos fuerte podemos dimensionar y comprender la grandeza y la importancia de aquellos que homenajeamos.
Y lo haremos, lo seguiremos haciendo cada vez que necesitemos expresar todo nuestro sentir.

Ese amor es personal, es parte de una herencia, de una buena semilla.
Yo no conocí a tu mamá más que por foto, pero puedo afirmar que todo lo bueno que te dio, que todo el bien que hicieron esas manos santas vivió, vive y vivirá siempre en las tuyas.
Tus manos aprendieron a curar, no me olvido nunca de eso.
La honraste, amigo, porque más allá del enorme cariño que te tengo, tu calidad humana y tu bondad son el reflejo de ella.
Te dejo mi empatía, mi admiración y esa seguridad de que tu mamá ya es un ángel más al lado de nuestro Creador en el cielo.
Quizás pudiera decir más, pero a veces las palabras no alcanzan, pero son sinceras y te las escribo con el corazón.
Un gran abrazo.
 
Solo los que amamos mucho, amamos bien y amamos fuerte podemos dimensionar y comprender la grandeza y la importancia de aquellos que homenajeamos.
Y lo haremos, lo seguiremos haciendo cada vez que necesitemos expresar todo nuestro sentir.

Ese amor es personal, es parte de una herencia, de una buena semilla.
Yo no conocí a tu mamá más que por foto, pero puedo afirmar que todo lo bueno que te dio, que todo el bien que hicieron esas manos santas vivió, vive y vivirá siempre en las tuyas.
Tus manos aprendieron a curar, no me olvido nunca de eso.
La honraste, amigo, porque más allá del enorme cariño que te tengo, tu calidad humana y tu bondad son el reflejo de ella.
Te dejo mi empatía, mi admiración y esa seguridad de que tu mamá ya es un ángel más al lado de nuestro Creador en el cielo.
Quizás pudiera decir más, pero a veces las palabras no alcanzan, pero son sinceras y te las escribo con el corazón.
Un gran abrazo.
Muchas gracias, Cecy, por tus palabras, hermosas y sentidas. Son muchos años ya de leernos, de esa amistad que se teje por encima del tiempo y del espacio. Y me conoces, como yo conozco tu forma de escribir.
Mi madre tuvo una vida larga, que para sus hijos ha sido un bello regalo. Llegó el tiempo de la despedida, serena y tranquila. Pero ha sido un buen momento para recordar con unas pinceladas lo que supone el amor de una madre.
Elegí la prosa poética, intencionadamente, porque me ayuda a expresarme mejor y, sin embargo, reconozco que me he quedado muy corto.
Agradezco el cariño de tus palabras y tu presencia constante en mi vida, eres una amiga excepcional y reconozco la suerte que he tenido encontrándote.
Un fuerte abrazo.
 
Enmudecieron las manos, aquellas que hablaban en gestos concisos, breves o bien en amplios movimientos, poniendo énfasis en todo aquello que su ser entero estaba diciendo.
Reposan ya en el regazo yerto, en el frío del tiempo que termina. Aquellas manos que guiaron mis pasos, las que me llenaron de caricias, las que me dieron impulso para salir al mundo.
Manos que se unieron a las mías para enseñarme las primeras oraciones. Manos que tejieron ropas que vestí cuando era niño.
Aquellas manos cálidas, amorosas, rebosantes de cariño, callaron para siempre ; se detuvieron para un instante eterno, como un gesto de adiós a mano alzada, como en otras ocasiones hacía para despedirse de nosotros.
Manos que curaban heridas, daban, frente al dolor, consuelo; manos templadas que aliviaban el frío de la nieve en mis dedos.
Beso tus manos, madre, con un beso profundo, entero y serio.
Un último beso que viva siempre en mi recuerdo.
Es un hermoso y sentido escrito donde se lee amor y tambien honor.
Un abrazo y mis sinceras condolencias, Luis.
 
Enmudecieron las manos, aquellas que hablaban en gestos concisos, breves o bien en amplios movimientos, poniendo énfasis en todo aquello que su ser entero estaba diciendo.
Reposan ya en el regazo yerto, en el frío del tiempo que termina. Aquellas manos que guiaron mis pasos, las que me llenaron de caricias, las que me dieron impulso para salir al mundo.
Manos que se unieron a las mías para enseñarme las primeras oraciones. Manos que tejieron ropas que vestí cuando era niño.
Aquellas manos cálidas, amorosas, rebosantes de cariño, callaron para siempre ; se detuvieron para un instante eterno, como un gesto de adiós a mano alzada, como en otras ocasiones hacía para despedirse de nosotros.
Manos que curaban heridas, daban, frente al dolor, consuelo; manos templadas que aliviaban el frío de la nieve en mis dedos.
Beso tus manos, madre, con un beso profundo, entero y serio.
Un último beso que viva siempre en mi recuerdo.
Que triste es perder y saber que ha dejado de existir la comunicación, guía y amor, el esfuerzo y sentimiento puro de una madre.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 
Enmudecieron las manos, aquellas que hablaban en gestos concisos, breves o bien en amplios movimientos, poniendo énfasis en todo aquello que su ser entero estaba diciendo.
Reposan ya en el regazo yerto, en el frío del tiempo que termina. Aquellas manos que guiaron mis pasos, las que me llenaron de caricias, las que me dieron impulso para salir al mundo.
Manos que se unieron a las mías para enseñarme las primeras oraciones. Manos que tejieron ropas que vestí cuando era niño.
Aquellas manos cálidas, amorosas, rebosantes de cariño, callaron para siempre ; se detuvieron para un instante eterno, como un gesto de adiós a mano alzada, como en otras ocasiones hacía para despedirse de nosotros.
Manos que curaban heridas, daban, frente al dolor, consuelo; manos templadas que aliviaban el frío de la nieve en mis dedos.
Beso tus manos, madre, con un beso profundo, entero y serio.
Un último beso que viva siempre en mi recuerdo.

Solo las manos de una Madre pueden ser tanto y desde siempre, estén presentes físicamente o no, porque lo que han prodigado y transmitido no lo puede borrar nada ni nadie, ni siquiera el tiempo. Todo lo vivido se queda en uno para siempre. Y al contrario, siento que se hacen más presentes porque se echan en falta y su calor no lo sustituye nada. Es un bellísimo escrito, sensible, amoroso, profundo y solemne. Me uno respetuosamente a este homenaje hecho prosa dedicado a su Querida Madre Apreciado Poeta y Amigo Luis Á. Ruiz Peradejordi . Reciba mi saludo afectuoso y mis mejores deseos de que lleguen días de paz, serenidad y consuelo para Usted y sus seres queridos
 
Solo las manos de una Madre pueden ser tanto y desde siempre, estén presentes físicamente o no, porque lo que han prodigado y transmitido no lo puede borrar nada ni nadie, ni siquiera el tiempo. Todo lo vivido se queda en uno para siempre. Y al contrario, siento que se hacen más presentes porque se echan en falta y su calor no lo sustituye nada. Es un bellísimo escrito, sensible, amoroso, profundo y solemne. Me uno respetuosamente a este homenaje hecho prosa dedicado a su Querida Madre Apreciado Poeta y Amigo Luis Á. Ruiz Peradejordi . Reciba mi saludo afectuoso y mis mejores deseos de que lleguen días de paz, serenidad y consuelo para Usted y sus seres queridos
Muchas gracias por la lectura y por el hermoso comentario. Es bueno en momentos como éstos, recordar lo que las manos que nos ayudaron desde que vinimos a este mundo, hicieron cada día, cada instante, por nosotros. Es puro agradecimiento.
Un cordial saludo
 
Es un hermoso homenaje el que haces a tu madre, a ese ser que lo dio todo con amor desde el día en que supo que llegarías al mundo. Un amor así es para siempre, sigue en nosotros, y lo mantenemos vivo con los recuerdos hasta el día del reencuentro.
Siento mucho el dolor de tu pérdida querido Luis, te abrazo con todo el corazón en la distancia.
Nada que diga puede aliviar tu pena, pero te dejo saber que te acompaño en mis pensamientos y oraciones.
Un gran abrazo con el corazón.
 
Es un hermoso homenaje el que haces a tu madre, a ese ser que lo dio todo con amor desde el día en que supo que llegarías al mundo. Un amor así es para siempre, sigue en nosotros, y lo mantenemos vivo con los recuerdos hasta el día del reencuentro.
Siento mucho el dolor de tu pérdida querido Luis, te abrazo con todo el corazón en la distancia.
Nada que diga puede aliviar tu pena, pero te dejo saber que te acompaño en mis pensamientos y oraciones.
Un gran abrazo con el corazón.
Gracias Laly por tus cariñosas palabras. Mi madre falleció este lunes pasado. Era una mujer muy mayor, llegó a los cien años. Su vida fue un regalo para nosotros y estás palabras que le he dedicado, no pretenden más que traer al presente, lo que ella ha supuesto en mi vida.
Te envío un fuerte abrazo.
 
Enmudecieron las manos, aquellas que hablaban en gestos concisos, breves o bien en amplios movimientos, poniendo énfasis en todo aquello que su ser entero estaba diciendo.
Reposan ya en el regazo yerto, en el frío del tiempo que termina. Aquellas manos que guiaron mis pasos, las que me llenaron de caricias, las que me dieron impulso para salir al mundo.
Manos que se unieron a las mías para enseñarme las primeras oraciones. Manos que tejieron ropas que vestí cuando era niño.
Aquellas manos cálidas, amorosas, rebosantes de cariño, callaron para siempre ; se detuvieron para un instante eterno, como un gesto de adiós a mano alzada, como en otras ocasiones hacía para despedirse de nosotros.
Manos que curaban heridas, daban, frente al dolor, consuelo; manos templadas que aliviaban el frío de la nieve en mis dedos.
Beso tus manos, madre, con un beso profundo, entero y serio.
Un último beso que viva siempre en mi recuerdo.
Ayyyy Luís qué maravilloso es tener o haber tenido una madre buena porque ella aunque ya no esté sigue velando por ti, te acompaña en tus sueños y te habla a través de ellos, el cordón umbilical que nos une a ella jamás se rompe, ayyy yo echo de menos a la mía todos los días de mi vida y conforme te iba leyendo las lágrimas me recorrían el rostro junto a los recuerdos.
Un placer siempre leerte mi preciado amigo, sabes leer en el alma humana y transcribirlo a letras, letras que curan como las manos de tu santa madre.
Muchos besos para ti plenos de admiración, gratitud y cariño....muáááćksssssss
 
Ayyyy Luís qué maravilloso es tener o haber tenido una madre buena porque ella aunque ya no esté sigue velando por ti, te acompaña en tus sueños y te habla a través de ellos, el cordón umbilical que nos une a ella jamás se rompe, ayyy yo echo de menos a la mía todos los días de mi vida y conforme te iba leyendo las lágrimas me recorrían el rostro junto a los recuerdos.
Un placer siempre leerte mi preciado amigo, sabes leer en el alma humana y transcribirlo a letras, letras que curan como las manos de tu santa madre.
Muchos besos para ti plenos de admiración, gratitud y cariño....muáááćksssssss
MI querida Isabel. Hace hoy tres semanas que falleció mi madre. Tuve la suerte de disfrutarla hasta ahora, pues su vida (cien años) fue larga. Pero queda el vacío, el tener que dar descanso definitivo a su cuerpo. Ello, motivó estas letras está prosa que pretendo cargar con un poco de poesía, en un homenaje a ella y a todas las madres que saben darse a sus hijos con una gran carga de amor y dedicación.
Mi madre me enseñó a rezar y esas oraciones me sirven ahora de consuelo por su falta.
Gracias por tus palabras, por tu presencia en mis letras y por el cariño con que siempre me tratas. Gestos así son de agradecer y las personas como tú, un tesoro que hay que guardar. Un fuerte abrazo y un montón de besos.
 

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