KOVAC
Poeta recién llegado
Más poesía me pides.
No has visto cómo te miro.
Quizá necesites un traductor de silencios,
un catalizador de muecas,
un contador de latidos
cuando te acercas.
Y qué decir de la puntualidad extrema,
del beso largo que llevo al infinito,
de la despedida con prólogo premeditado
que acaba si es que acaba-
muy tarde, ya en la noche.
Tú no lo sabes pero es mucho
el tiempo que paso deletreando a mis manos
lo que pasa dentro de mí y yo sólo sé
y tú ignoras, pero cuánto me gustaría
que ocurriese otra cosa bien distinta
-morir en el intento, me apellido-.
Mi poesía
es la de un hombre que llora como un niño,
la de un loco con los pies en la tierra,
la de la duda que lo sabe todo
y que pregunta sabiendo
lo que dirás.
Las palabras que se marchan por el viento,
trafican con cenizas que prenden fuego
a los papeles que madrugo escribiendo
para dejar constancia mientras vivo-
que te quiero.
No has visto cómo te miro.
Quizá necesites un traductor de silencios,
un catalizador de muecas,
un contador de latidos
cuando te acercas.
Y qué decir de la puntualidad extrema,
del beso largo que llevo al infinito,
de la despedida con prólogo premeditado
que acaba si es que acaba-
muy tarde, ya en la noche.
Tú no lo sabes pero es mucho
el tiempo que paso deletreando a mis manos
lo que pasa dentro de mí y yo sólo sé
y tú ignoras, pero cuánto me gustaría
que ocurriese otra cosa bien distinta
-morir en el intento, me apellido-.
Mi poesía
es la de un hombre que llora como un niño,
la de un loco con los pies en la tierra,
la de la duda que lo sabe todo
y que pregunta sabiendo
lo que dirás.
Las palabras que se marchan por el viento,
trafican con cenizas que prenden fuego
a los papeles que madrugo escribiendo
para dejar constancia mientras vivo-
que te quiero.