Media hora de comida

maimonides

Poeta recién llegado

Aun no escucho sisear a la sartén.

Sigue gobernando la percusión del acero en la porcelana.

La mesa es grande e incita, pero esta no ha sido opción
y espero que sea la última; la más sucia, la más alejada,
la perfecta para el ensimismamiento de los extraños,
para los que tienen hambre y la torturaran con lo incomible.
 

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