Mejor no vengas

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Cada vez más lejos sucede el poema
y trato de acercarlo con los señuelos comunes:
otros poemas, lámpara a deshoras,
vasos de su fondo inciertos,
tristezas que me buscan las sienes,
ademanes de que existo o existiré, etcétera,
pero el susurro demora y pienso
que está atrapado en la avenida sin fin
donde olvidé plantar una esquina
para toparlo en cada vuelta.

Esto que digo no alcanza a ser mosca
en su insostenible aleteo
que en nada perturba a las gargantas negras
de labios clausurados y ojos abiertos;
es apenas un soplo que no apaga
la vela que el insomnio enciende.
Ojalá yo supiera lo que el aire sabe del fuego,
pero solo aprendí a respirar de memoria
y a resguardarme del frío
sin diferenciarme del humo.

Estoy pasando de mí porque las palabras
son un designio para delatar mi presencia
en lo que no permanece. —¿Y qué sí?
Cada paso extingue el camino detrás
y delante solo me espera el eco
de mi voz, el eco, el eco. —¿Quién va?
Tengo miedo de entrar ahí.
¿Serán bosques o serán paredes
o seré yo? Es decir, nadie.
Entra, es tarde. Casi no me encuentras.
 
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Cada vez más lejos sucede el poema
y trato de acercarlo con los señuelos comunes:
otros poemas, lámpara a deshoras,
vasos de su fondo inciertos,
tristezas que me buscan las sienes,
ademanes de que existo o existiré, etcétera,
pero el susurro demora y pienso
que está atrapado en la avenida sin fin
donde olvidé plantar una esquina
para toparlo en cada vuelta.

Esto que digo no alcanza a ser mosca
en su insostenible aleteo
que en nada perturba a las gargantas negras
de labios clausurados y ojos abiertos;
es apenas un soplo que no apaga
la vela que el insomnio el enciende.
Ojalá yo supiera lo que el aire sabe del fuego,
pero solo aprendí a respirar de memoria
y a resguardarme del frío
sin diferenciarme del humo.

Estoy pasando de mí porque las palabras
son un designio para delatar mi presencia
en lo que no permanece. —¿Y qué sí?
Cada paso extingue el camino detrás
y delante solo me espera el eco
de mi voz, el eco, el eco. —¿Quién va?
Tengo miedo de entrar ahí.
¿Serán bosques o serán paredes
o seré yo? Es decir, nadie.
Entra, es tarde. Casi no me encuentras.
Entro un momento para dejarte un café con abrazo incluido,
me voy al curre, ya volveré...
 
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