Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Va pasando el otoño de su vida, los tiempos se hacen eternos, los silencios son colmillos clavados en su alma, las noches se ralentizan, el alma se embriaga de soledad y el frío se acomoda en los huesos con la ausencia de palabras apasionadas, ya todo a su alrededor se adormece y aquellos grandes cráteres del volcán del amor se cierra.
El pensamiento añorante por el amor perdido va entristeciendo los días y gritos silenciosos salen de su boca amordazada por la incomunicación.
Tras la ventana ve solitario los íntimos atardeceres y allí donde antes había bullicios y algarabías, ahora solo existe la melancolía, su brújula ya perdió el norte y errante camina entre los cubiles de la nostalgia.
Mira sus manos que avarienta de afectividad desea acariciar otro corazón que palpite a su tacto, pero ya solo sostiene sin fuerza aquella vida que poco a poco lo abandona.
El pensamiento añorante por el amor perdido va entristeciendo los días y gritos silenciosos salen de su boca amordazada por la incomunicación.
Tras la ventana ve solitario los íntimos atardeceres y allí donde antes había bullicios y algarabías, ahora solo existe la melancolía, su brújula ya perdió el norte y errante camina entre los cubiles de la nostalgia.
Mira sus manos que avarienta de afectividad desea acariciar otro corazón que palpite a su tacto, pero ya solo sostiene sin fuerza aquella vida que poco a poco lo abandona.
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