gloli
Poeta fiel al portal
MENSAJES CAMUFLADOS
Alguien vive con afán
de echar sus polvos no al aire
la razón podría ser
porque es un macho salvaje,
porque peca de egocéntrico,
por la abstinencia que cargue,
porque su naturaleza es esa,
por la labia con que trame
a la ilusa que le cree
que en ella va a interesarse;
o si es impulso primario
que vaya al veterinario.
Pero a qué fémina disgusta
tan dulce vocabulario
del príncipe con su princesa
con pajarote en su jaula
o entre su mano agarrarlo.
¡Claro que se come el cuento!
y que será sempiterno
pero ni en chiste imagina
quiere sólo su vagina
pa’ echarle un polvo de gallo
y no darse por enterado
o jamás saber más de ello.
Y el género femenino
no podría imaginarse
lo que a la reputación del hombre
podría aquella frase causarle,
y ni a él la puta idea
que su corto chistecito
de su puta verborrea
y de gallo su polvito,
es una cruda experiencia
que a la mujer va a causarle
un choque emocional muy fuerte
y desde su psique dañarle
para el resto de la vida.
¿Será que los dos con su pene,
sus locas hormonas y el semen
son perfecta analogía
a una insufrible insistencia,
de una fatal flatulencia
que si no se expulsa, enferma?
En este caso lo frondio
es que si un hombre le gusta
y él se la gana en conquista
ella insofacto imagina
que una relación muy seria
es lo que él quiere con ella.
Pero totalmente fría
queda si hace analogía
que no es más ni menos el caso
que el de la ilusa gallina
con el gallo cantador
que escarba, picotea y gira
en torno de la avecilla
arrastrando bajo el ala
haciéndole la conquista:
cocococooo… cococooo…
Y sigue escarba que escarba
hasta que saca del suelo
una suculenta lombriz,
en su pico haciendo el fiero.
Inocentona y creída
imagina la gallina
que su galán va invitarle,
pero ¡vaya que la realidad!
sí que pica, escoce y arde.
Pues la alaraca que hacía
no era solo para una gallina
sino de todas rodearse.
En menos de un tres por dos,
cuando una más cerca tenía
la lombriz suculenta tragó
y a la gallina montó,
su insulso huevo le echó
y rápido se bajó.
Así es que el ave no vio,
lo que por la pierna subía
hasta que el mañoso gallo,
por detrás y por encima
bien cogida la tenía.
De la suculenta lombriz
ni siquiera le dio un tris,
solamente la engañó
y la dejó con palmo e’ nariz.
Alguien vive con afán
de echar sus polvos no al aire
la razón podría ser
porque es un macho salvaje,
porque peca de egocéntrico,
por la abstinencia que cargue,
porque su naturaleza es esa,
por la labia con que trame
a la ilusa que le cree
que en ella va a interesarse;
o si es impulso primario
que vaya al veterinario.
Pero a qué fémina disgusta
tan dulce vocabulario
del príncipe con su princesa
con pajarote en su jaula
o entre su mano agarrarlo.
¡Claro que se come el cuento!
y que será sempiterno
pero ni en chiste imagina
quiere sólo su vagina
pa’ echarle un polvo de gallo
y no darse por enterado
o jamás saber más de ello.
Y el género femenino
no podría imaginarse
lo que a la reputación del hombre
podría aquella frase causarle,
y ni a él la puta idea
que su corto chistecito
de su puta verborrea
y de gallo su polvito,
es una cruda experiencia
que a la mujer va a causarle
un choque emocional muy fuerte
y desde su psique dañarle
para el resto de la vida.
¿Será que los dos con su pene,
sus locas hormonas y el semen
son perfecta analogía
a una insufrible insistencia,
de una fatal flatulencia
que si no se expulsa, enferma?
En este caso lo frondio
es que si un hombre le gusta
y él se la gana en conquista
ella insofacto imagina
que una relación muy seria
es lo que él quiere con ella.
Pero totalmente fría
queda si hace analogía
que no es más ni menos el caso
que el de la ilusa gallina
con el gallo cantador
que escarba, picotea y gira
en torno de la avecilla
arrastrando bajo el ala
haciéndole la conquista:
cocococooo… cococooo…
Y sigue escarba que escarba
hasta que saca del suelo
una suculenta lombriz,
en su pico haciendo el fiero.
Inocentona y creída
imagina la gallina
que su galán va invitarle,
pero ¡vaya que la realidad!
sí que pica, escoce y arde.
Pues la alaraca que hacía
no era solo para una gallina
sino de todas rodearse.
En menos de un tres por dos,
cuando una más cerca tenía
la lombriz suculenta tragó
y a la gallina montó,
su insulso huevo le echó
y rápido se bajó.
Así es que el ave no vio,
lo que por la pierna subía
hasta que el mañoso gallo,
por detrás y por encima
bien cogida la tenía.
De la suculenta lombriz
ni siquiera le dio un tris,
solamente la engañó
y la dejó con palmo e’ nariz.
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