DARDO GATTI
Poeta adicto al portal
-:¡No puedo, no puedo! Decía mientras corría hacia la salida, ya no respiraba casi, ya no veía casi, no podría decir si corría caminaba o flotaba.
Si darse cuenta como, llegó al final del pasillo, y en un último y desesperado salto salió del edificio hacia la calle.
Una vez allí, La luz del sol lo encegueció por un instante, el calor del sol le entibió las manos heladas y dió a su rostro color nuevamente.
-:¡Pude Gracias a Dios!... dijo apoyado en el árbol añoso y seco mientras, dentro del edificio el fuego hacía lo suyo con todos los que no salieron.
El hombre comenzó a caminar por la vereda hacia su casa, mientras pensaba -Casi no lo logro menudo oficio el de incendiario.
Si darse cuenta como, llegó al final del pasillo, y en un último y desesperado salto salió del edificio hacia la calle.
Una vez allí, La luz del sol lo encegueció por un instante, el calor del sol le entibió las manos heladas y dió a su rostro color nuevamente.
-:¡Pude Gracias a Dios!... dijo apoyado en el árbol añoso y seco mientras, dentro del edificio el fuego hacía lo suyo con todos los que no salieron.
El hombre comenzó a caminar por la vereda hacia su casa, mientras pensaba -Casi no lo logro menudo oficio el de incendiario.
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