Juan Jose Aceves
Poeta recién llegado
Tengo el alma nueva, sin una sola arruga:
logré la proeza de no gastarla en nadie.
Mi cuenta de emociones rebosa.
Para lograrlo, disloqué mi cuello
con tal de no girar hacia la miseria;
torcí mis ojos hasta cegarlos
para no ver los rostros de la angustia.
Atrofié mis nervios con la anestesia
que bebí para ignorar el frío ajeno;
se gangrenó mi mano derecha
de tanto apretar el puño contra el hambre.
Ahora quiero mirar y el cuello me traiciona.
Quiero tocarte y me detiene la gangrena.
Mi alma está intacta, sí,
pero es un bloque de mármol.
¿Dónde está mi inversión?
logré la proeza de no gastarla en nadie.
Mi cuenta de emociones rebosa.
Para lograrlo, disloqué mi cuello
con tal de no girar hacia la miseria;
torcí mis ojos hasta cegarlos
para no ver los rostros de la angustia.
Atrofié mis nervios con la anestesia
que bebí para ignorar el frío ajeno;
se gangrenó mi mano derecha
de tanto apretar el puño contra el hambre.
Ahora quiero mirar y el cuello me traiciona.
Quiero tocarte y me detiene la gangrena.
Mi alma está intacta, sí,
pero es un bloque de mármol.
¿Dónde está mi inversión?