Mi madre

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Te recuerdo madre cubierta de luz,
tardes apacibles leyendo a Platero,
mi hermano me hablaba de un “loco sombrero”,
tu planchabas madre bajo el tragaluz.


Te recuerdo madre llenita de risa,
pintando el hogar de alegres matices,
fuiste concertistas de los días felices
cuando en tus cabellos soplaba la brisa.


Ay, tu ausencia madre, cuánto la he negado,
ay, cuánto silencio, ¡soledad impía!;
¿entre los cipreses?, ¡niégalo alma mía!


Pues sé que en mis noches estás a mi lado
y al alba te alejas con la luz del día
cuando la agonía ya se ha disipado.



13 de noviembre de 1015

 

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Te recuerdo madre cubierta de luz,
tardes apacibles leyendo a Platero,
mi hermano me hablaba de un “loco sombrero”,
tu planchabas madre bajo el tragaluz.


Te recuerdo madre llenita de risa,
pintando el hogar de alegres matices,
fuiste concertistas de los días felices
cuando en tus cabellos soplaba la brisa.


Ay, tu ausencia madre, cuánto la he negado,
ay, cuánto silencio, ¡soledad impía!;
¿entre los cipreses?, ¡niégalo alma mía!


Pues sé que en mis noches estás a mi lado
y al alba te alejas con la luz del día
cuando la agonía ya se ha disipado.



13 de noviembre de 1015

Eres esa parte de ella que aún sigue viva. Un beso, Isabel.
 
Pulido soneto Isabel, su natural cadencia da muestras de tu esmerado trabajo. Un placer disfrutar su lectura. Felices fiestas.
 
jodido isa, qué bonito.

seamos quiénes seamos, estemos donde estemos... eso que nos une a nuestra madre, más allá del pensamiento, es como un grito que viene de la células. la navidad, como le decía a la camy antes, es también eso: esa memoria súbita que nos asalta, que sabemos que está allí, en la bulla y en el silencio.

salud, isinha.
 
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Te recuerdo madre cubierta de luz,
tardes apacibles leyendo a Platero,
mi hermano me hablaba de un “loco sombrero”,
tu planchabas madre bajo el tragaluz.


Te recuerdo madre llenita de risa,
pintando el hogar de alegres matices,
fuiste concertistas de los días felices
cuando en tus cabellos soplaba la brisa.


Ay, tu ausencia madre, cuánto la he negado,
ay, cuánto silencio, ¡soledad impía!;
¿entre los cipreses?, ¡niégalo alma mía!


Pues sé que en mis noches estás a mi lado
y al alba te alejas con la luz del día
cuando la agonía ya se ha disipado.



13 de noviembre de 1015



Cuánto me identifico con el contenido de este poema, es como revivir mi infancia. Gracias poetisa, me ha llegado al alma.

Un gran abrazo.

Palmira
 
jodido isa, qué bonito.

seamos quiénes seamos, estemos donde estemos... eso que nos une a nuestra madre, más allá del pensamiento, es como un grito que viene de la células. la navidad, como le decía a la camy antes, es también eso: esa memoria súbita que nos asalta, que sabemos que está allí, en la bulla y en el silencio.

salud, isinha.
Hola, estimado Charlie, qué bueno que te tenemos aquí de nuevo.
Tienes como siempre, toda la razón.
La Navidad está hecha de recuerdos, y en todos ellos suele estar la mano de nuestra madre, ella llenaba la Navidad de alegría, a veces cayendo de sueño mientras cocinaba. para esa noche. Recuerdos de la enorme mesa que reunía a la familia, que luego fue quedando vacía, pero nadie nos puede quitar la experiencia de lo vivido, los buenos recuerdos... "esa memoria súbita que nos asalta, que sabemos que está allí, en la bulla y en el silencio."
Gracias por tu compañía y por tus palabras que siempre fueron, y son, un estímulo.
Salud, Charlie.
 
Cuánto me identifico con el contenido de este poema, es como revivir mi infancia. Gracias poetisa, me ha llegado al alma.

Un gran abrazo.

Palmira
Querida Palmira, para mi siempre es una enorme alegría tu visita. Si, la Navidad nos lleva a la ternura y al recuerdo de nuestra infancia, cuando la navidad era mágica y las madres andaban casi sin pisar el suelo de un lado a otro, iluminando el espacio.
Gracias a tí, querida Palmira, por tu generoso comentario y tu empatía.
Un abrazo, con enorme cariño,
Isabel
 
Tremendo, Isabel, cuánta sensibilidad en tus versos.

Ay, tu ausencia madre, cuánto la he negado,
ay, cuánto silencio, ¡soledad impía!;
¿entre los cipreses?, ¡niégalo alma mía!

Me quedo muda.​

Un abrazo grande,
Eva
Querida Eva, ya sabes la alegría que me da encontrarme con tus letras, me siento afortunada.
Gracias por dedicarnos tu tiempo, Una suerte tenerte aquí.
Isabel
 
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Te recuerdo madre cubierta de luz,
tardes apacibles leyendo a Platero,
mi hermano me hablaba de un “loco sombrero”,
tu planchabas madre bajo el tragaluz.


Te recuerdo madre llenita de risa,
pintando el hogar de alegres matices,
fuiste concertistas de los días felices
cuando en tus cabellos soplaba la brisa.


Ay, tu ausencia madre, cuánto la he negado,
ay, cuánto silencio, ¡soledad impía!;
¿entre los cipreses?, ¡niégalo alma mía!


Pues sé que en mis noches estás a mi lado
y al alba te alejas con la luz del día
cuando la agonía ya se ha disipado.



13 de noviembre de 1015

No importa el tiempo, ni la edad, ni lo que hagamos, pero lo que somos nos viene directo de su amado vientre y la perfecta conexión que nos pone a su alcance. Por eso es que nos parecemos tanto a su latir y a su decir. Y lo sabemos, lo que sentimos, un amor que nació aún sin conocerse....
Hermoso poema querida Isabel!
Un abrazo inmenso
Camelia
 

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