Mi primera vez (M-1)

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa

MI PRIMERA VEZ (M-1)


Me despertó el azote de la lluvia contra el ventanal
. Agarré angustiado el despertador, comprobando aliviado que apenas eran las siete y media.

Una vez duchado y perfumado, me puse el mejor traje para la ocasión. Escogí una corbata a juego, y salí del apartamento, consciente de que ese día invernal cambiaría mi vida… para siempre.

Llegué a la esquina elegida para la cita; allí nadie me reconocería. La lluvia había cesado, y calado hasta los huesos aguardé en la calle desierta. Tras una larga espera, apareció. Tenía que ser ella, tan elegante, con su pamela y su coqueto caminar. No podía desperdiciar esa oportunidad. Era entonces o nunca. Me enjugué torpemente la cara y, cuando llegó a mi altura, le tendí la palma de la mano. Sorprendida por mi gesto, se detuvo. Me escrutó unos segundos, hurgó en su bolso, me dio una moneda, y giró la esquina murmurando.

Kalkbadan
Madrid, octubre 2011

 
Última edición:
Muy bueno, me encantó que me sorprendió el final no esperado
Cariños

Me alegra que te gustara amiga Marcela,

es el primer microrrelato que escribo, y me ha servido para darme cuenta de lo complejo, y a la par hermoso, de este haiku de la prosa.

La verdad es que cada vez hay más, y más pobres desgraciados por las calles como el protagonista del relato.

Un abrazo y gracias por tu presencia, y tu cariño,
 
MI PRIMERA VEZ (M-1)

Me despertó el azote de la lluvia contra el ventanal
. Agarré angustiado el despertador, comprobando aliviado que apenas eran las siete y media.

Una vez duchado y perfumado, me puse el mejor traje para la ocasión. Escogí una corbata a juego, y salí del apartamento, consciente de que ese día invernal cambiaría mi vida… para siempre.

Llegué a la esquina elegida para la cita; allí nadie me reconocería. La lluvia había cesado, y calado hasta los huesos aguardé en la calle desierta. Tras una larga espera, apareció. Tenía que ser ella, tan elegante, con su pamela y su coqueto caminar. No podía desperdiciar esa oportunidad. Era entonces o nunca. Me enjugué torpemente la cara y, cuando llegó a mi altura, le tendí la mano. Sorprendida por mi gesto, se detuvo. Me escrutó unos segundos, hurgó en su bolso, me dio una moneda, y giró la esquina murmurando.

Kalkbadan
Madrid, octubre 2011

Muy original e inesperado final. Sólo una vez he hecho un micro y me resultó complicado resumir tanto tienes razón!!!!

Felicidades !

Palmira
 
Después de eso, o te tiras por un puente, o montas el "kiosko"... jeje

Excelente micro, Andreas. Un abrazo y Feliz Semana, amigo.
 
¡Vaya chasco! El amor nos hace muy atrevidos. Mal comienzo; pero no hay que desanimarse, es mejor que tome una cerveza con la moneda.

Gracias por hacerme sonreír.
 

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