Mi señora, escucha... escucha.
La campana está tañendo,
en franco pesar y lucha
por lo que está sucediendo.
Ya son horas de luchar
que las campanas anuncian,
los clarines ya se escuchan
y las voces no renuncian.
El ataúd con mis restos
abre un pausado camino
dejando los manifiestos
en el clamor de ese trino.
¡No temas! Levanta y lucha
con fortaleza, soldado,
te la mando y fuerza, mucha
resiste, que es lo acordado.
Mi soberana y señora
se me oscurece la tarde.
¡Soy quien te extraña y añora!
en un cielo y lecho que arde.
No dudes, aparecida
estoy visible a tu lado,
luchando y bien guarecida
en nuestro ejército alado
Sin ti soy antigua historia
deshojada por inviernos:
Un retrato de la escoria
que regresa a los avernos.
No te esperan los avernos
jamás te he abandonado,
que mi espada y mis escudos
te están en alto, guardando
¡Escucha mi ama y señora!
Mi corazón se calcina
por tu calma redentora
y una piel más que divina.
¡Mio tu grito caballero!
y tú corazón me anima,
vencer seguro con mucho
la contienda sin estigma.
Rosario - César