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Mientras duermes

penabad57

Poeta veterano en el portal
La palma de hojas verdes en el vestidor de la madrugada

y la gran acequia que es tu río de orillas y nieve.



Fluido del pálpito con las venas abriéndose en círculos

como las preguntas que al azar escribe mi mano

dentro del cristal de tu seno gris.



Tizne de la quietud en la enredadera que mancha

con el alquitrán de la pez los párpados del ángel,

acechante, mortal en la moldura de líneas redondas

bajo la cincelada canción de los niños futuros.



Sin la costumbre avizor de las palomas en el alféizar húmedo de la seda,

sin el dintel de oro ni las flores blancas en el búcaro.



Sin la paz de los espejos que una luz ámbar,

incauta luz del festivo candil, deposita en los hombros

que ahora empiezan a verterse como dos alas inútiles

sobre el cielo de unas sábanas de encaje azul.



Es el dulce silencio, la falsa memoria muda de los relojes

sin labios en la noche de la lágrima y los búhos ciegos;

es el mimbre que urde con nudos de red multicolor

las enaguas de tu abril dormido, quienes a ti te invocan

como a un rayo de sol en el carmesí de los vitrales

de una catedral somnolienta.
 
La palma de hojas verdes en el vestidor de la madrugada

y la gran acequia que es tu río de orillas y nieve.



Fluido del pálpito con las venas abriéndose en círculos

como las preguntas que al azar escribe mi mano

dentro del cristal de tu seno gris.



Tizne de la quietud en la enredadera que mancha

con el alquitrán de la pez los párpados del ángel,

acechante, mortal en la moldura de líneas redondas

bajo la cincelada canción de los niños futuros.



Sin la costumbre avizor de las palomas en el alféizar húmedo de la seda,

sin el dintel de oro ni las flores blancas en el búcaro.



Sin la paz de los espejos que una luz ámbar,

incauta luz del festivo candil, deposita en los hombros

que ahora empiezan a verterse como dos alas inútiles

sobre el cielo de unas sábanas de encaje azul.



Es el dulce silencio, la falsa memoria muda de los relojes

sin labios en la noche de la lágrima y los búhos ciegos;

es el mimbre que urde con nudos de red multicolor

las enaguas de tu abril dormido, quienes a ti te invocan

como a un rayo de sol en el carmesí de los vitrales

de una catedral somnolienta.
Bajo el cielo un dulce silencio que sabe a amor.

Saludos
 
La palma de hojas verdes en el vestidor de la madrugada

y la gran acequia que es tu río de orillas y nieve.



Fluido del pálpito con las venas abriéndose en círculos

como las preguntas que al azar escribe mi mano

dentro del cristal de tu seno gris.



Tizne de la quietud en la enredadera que mancha

con el alquitrán de la pez los párpados del ángel,

acechante, mortal en la moldura de líneas redondas

bajo la cincelada canción de los niños futuros.



Sin la costumbre avizor de las palomas en el alféizar húmedo de la seda,

sin el dintel de oro ni las flores blancas en el búcaro.



Sin la paz de los espejos que una luz ámbar,

incauta luz del festivo candil, deposita en los hombros

que ahora empiezan a verterse como dos alas inútiles

sobre el cielo de unas sábanas de encaje azul.



Es el dulce silencio, la falsa memoria muda de los relojes

sin labios en la noche de la lágrima y los búhos ciegos;

es el mimbre que urde con nudos de red multicolor

las enaguas de tu abril dormido, quienes a ti te invocan

como a un rayo de sol en el carmesí de los vitrales

de una catedral somnolienta.
Hermosas letras,
Es el dulce silencio, la falsa memoria muda de los relojes

sin labios en la noche de la lágrima y los búhos ciegos
un saludo
 
La palma de hojas verdes en el vestidor de la madrugada

y la gran acequia que es tu río de orillas y nieve.



Fluido del pálpito con las venas abriéndose en círculos

como las preguntas que al azar escribe mi mano

dentro del cristal de tu seno gris.



Tizne de la quietud en la enredadera que mancha

con el alquitrán de la pez los párpados del ángel,

acechante, mortal en la moldura de líneas redondas

bajo la cincelada canción de los niños futuros.



Sin la costumbre avizor de las palomas en el alféizar húmedo de la seda,

sin el dintel de oro ni las flores blancas en el búcaro.



Sin la paz de los espejos que una luz ámbar,

incauta luz del festivo candil, deposita en los hombros

que ahora empiezan a verterse como dos alas inútiles

sobre el cielo de unas sábanas de encaje azul.



Es el dulce silencio, la falsa memoria muda de los relojes

sin labios en la noche de la lágrima y los búhos ciegos;

es el mimbre que urde con nudos de red multicolor

las enaguas de tu abril dormido, quienes a ti te invocan

como a un rayo de sol en el carmesí de los vitrales

de una catedral somnolienta.
Excelente poema, Penabad, lleno de imágenes preciosas. En algunos momentos de la lectura me acordé de Charles Baudelaire. Gracias por compartir la belleza de tus letras. Un abrazo fraterno estimado amigo y gran poeta. Buen día
 
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