Fernando Oviedo
Mirando el cenit de hace medio día.
Transcurrieron los orillos y sus ciernes, los que abrazan sus cariños desde el recuerdo y su universo de comparsas, de los obrajes de manos y sus tertulios, como de razonamientos idos deprisa, muy deprisa, construyendo sus largos silencios, de vahos y sus quimeras transitando horizonte; recuerdo obreros sentados al filo de bancos de puerto al callar de la tarde, gaviotas y pelicanos, y sus chillos de contradanza; de la bullanga industriosa, de esbirros de mecanismos en insomnio recurrente, de los disfuerzos en multitud de talleres en orgullos varios, no volví a veces, por el laburo de mañanas, de después del 'al' y tanta vida de trancos y liíllos ajenos, praxis de éticas en suburbios marlos de dilatada neblina del invierno limo, vaya distancia al futuro de provincias tras magro territorio, en la memoria una risa entera va azotando la entrenoche de garúa, como los vientos de puna que nutren sus yaretas, como las junturas de los pedrones 'saqsaywamanenses' con sus imaginos inacabables, derruta de viene y va en diálogo de cognitus y sus sofías de diversa labranza humana, de bornes del Elbro, calibres de Pirineos y Alpes, hechuras de Himalayas, e inacabables: creadores de Salkantayes, Waskaranes y Awsanq'atis; no sabría resumir tanta memoria de éxitos en desafíos, de los remansos del viaje urbano de horas largas, de cláxones sórdidos en pandemónium hoy sin sentido, de vivir en absurdo a descubrir los tendeles del Qorikancha, conservo tus imposibles y sus paciencias, para re-crear hasta incluso la sonrisa del final de la jornada.
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