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Del cálido verano me fascina el influjo
de un mar azul tan claro como lo son tus ojos
y el barquito velero que navega al embrujo
del rizado oleaje de sus días de enojos,
sus velas extendidas como alas de gaviotas
son de un blanco impoluto sobre el manto marino;
se aleja mar adentro hacia tierras remotas
por un soplo de viento que hoy cambió su destino.
Anochece y el sol se recuenta en el mar,
nunca pude entender su despedida diaria.
Acompaña al marino en su loco vagar
una triste gaviota perdida y solitaria.
Y allá como un quijote un faro casi humano
se enfrenta a la tormenta de gigantescas olas
curtido de tragedias se yergue soberano
y contempla la muerte con su impotencia, a solas.
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