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Mujeres que animan a escribir poesía

JVNAVARRO

Poeta asiduo al portal
Sin saber que hacer
todo se multiplica
y es que hay mujeres
que animan
a escribir poesía

Navega uno con la mente fija,
por un siglo sin luces
con no más dichas
que las que al vuelo
y de forma fortuita se pillan.

Me llegan ecos de grandes amores
y de excelentes heroínas,
ahora digo Cleopatra y
un mar de deseos y lujuria
irrumpe
en nuestras vidas.

Y si menciono el nombre
de Agustina
todo un pueblo,
el de Aragón,
más que vibra,
en pos de aquella mujer
que con un cañón defendía sus vidas.

Ya Juana de Orleans,
de Arcos, le decían,
arde entre el miedo
de quienes le miran
por aquello de que le temían.

Llena Isabel de una firmeza
que con nada rima,
envía sus naves
por allí donde se sabía
que el mundo de vista se perdía
y descubre un Nuevo Mundo,
en mayúsculas,
donde nadie
ni lo veía ni lo creía.

Sale a la deriva de este poema
escrito en una noche fría,
Hipatia,
a quien el amor le resbalaba
y ella lo sabía

y Virginia Woolf,
cae sin prisas,
ahora que el poema
ya no respira
y sus versos tristes
a sus alcobas se retiran.

Ella era,
así se le mira,
todo fuego luz y armonía.

Era ese amor
que con solo vivir
es verdad que se respira.

Y allí donde si se busca
algo sale
entre los frondosos jardines
de la hermosura,
ahora nos aterriza,
Clara Campoamor,
llena de novedosas
y calculadas poesías.

Y nos anima
en este discurrir
entre líneas,
Simone de Beauvoir,
la cual nos comunica
que hay que amar
sin ataduras.

Y así,
no más irrumpo
por hoy en sus vidas,
finaliza esta casi película,
antes de que el alba
nos ofrezca
su picara sonrisa
y nos diga,
que nos vayamos con él
de aventuras.


 
Sin saber que hacer
todo se multiplica
y es que hay mujeres
que animan
a escribir poesía

Navega uno con la mente fija,
por un siglo sin luces
con no más dichas
que las que al vuelo
y de forma fortuita se pillan.

Me llegan ecos de grandes amores
y de excelentes heroínas,
ahora digo Cleopatra y
un mar de deseos y lujuria
irrumpe
en nuestras vidas.

Y si menciono el nombre
de Agustina
todo un pueblo,
el de Aragón,
más que vibra,
en pos de aquella mujer
que con un cañón defendía sus vidas.

Ya Juana de Orleans,
de Arcos, le decían,
arde entre el miedo
de quienes le miran
por aquello de que le temían.

Llena Isabel de una firmeza
que con nada rima,
envía sus naves
por allí donde se sabía
que el mundo de vista se perdía
y descubre un Nuevo Mundo,
en mayúsculas,
donde nadie
ni lo veía ni lo creía.

Sale a la deriva de este poema
escrito en una noche fría,
Hipatia,
a quien el amor le resbalaba
y ella lo sabía

y Virginia Woolf,
cae sin prisas,
ahora que el poema
ya no respira
y sus versos tristes
a sus alcobas se retiran.

Ella era,
así se le mira,
todo fuego luz y armonía.

Era ese amor
que con solo vivir
es verdad que se respira.

Y allí donde si se busca
algo sale
entre los frondosos jardines
de la hermosura,
ahora nos aterriza,
Clara Campoamor,
llena de novedosas
y calculadas poesías.

Y nos anima
en este discurrir
entre líneas,
Simone de Beauvoir,
la cual nos comunica
que hay que amar
sin ataduras.

Y así,
no más irrumpo
por hoy en sus vidas,
finaliza esta casi película,
antes de que el alba
nos ofrezca
su picara sonrisa
y nos diga,
que nos vayamos con él
de aventuras.



Un repaso por la historia nunca viene mal amigo Navarro, pero además si se trata de grandes damas que en su época fueron todo un referente de lucha y pundonor, mucho mejor. Ríos de tinta se han escrito sobre ellas y es que la mujer estaba tan infravalorada antiguamente que sus heroicidades se tomaban como hechos fortuitos, cosa que en la actualidad no ocurre.
Ha sido un placer detenerse en tus letras y disfrutar de tu pluma querido amigo.
Un fuerte abrazo o desde los poéticos cielos de este halcon.

 
Sin saber que hacer
todo se multiplica
y es que hay mujeres
que animan
a escribir poesía

Navega uno con la mente fija,
por un siglo sin luces
con no más dichas
que las que al vuelo
y de forma fortuita se pillan.

Me llegan ecos de grandes amores
y de excelentes heroínas,
ahora digo Cleopatra y
un mar de deseos y lujuria
irrumpe
en nuestras vidas.

Y si menciono el nombre
de Agustina
todo un pueblo,
el de Aragón,
más que vibra,
en pos de aquella mujer
que con un cañón defendía sus vidas.

Ya Juana de Orleans,
de Arcos, le decían,
arde entre el miedo
de quienes le miran
por aquello de que le temían.

Llena Isabel de una firmeza
que con nada rima,
envía sus naves
por allí donde se sabía
que el mundo de vista se perdía
y descubre un Nuevo Mundo,
en mayúsculas,
donde nadie
ni lo veía ni lo creía.

Sale a la deriva de este poema
escrito en una noche fría,
Hipatia,
a quien el amor le resbalaba
y ella lo sabía

y Virginia Woolf,
cae sin prisas,
ahora que el poema
ya no respira
y sus versos tristes
a sus alcobas se retiran.

Ella era,
así se le mira,
todo fuego luz y armonía.

Era ese amor
que con solo vivir
es verdad que se respira.

Y allí donde si se busca
algo sale
entre los frondosos jardines
de la hermosura,
ahora nos aterriza,
Clara Campoamor,
llena de novedosas
y calculadas poesías.

Y nos anima
en este discurrir
entre líneas,
Simone de Beauvoir,
la cual nos comunica
que hay que amar
sin ataduras.

Y así,
no más irrumpo
por hoy en sus vidas,
finaliza esta casi película,
antes de que el alba
nos ofrezca
su picara sonrisa
y nos diga,
que nos vayamos con él
de aventuras.


Bien por las mujeres. Un gusto leerte.
 
Sin saber que hacer
todo se multiplica
y es que hay mujeres
que animan
a escribir poesía

Navega uno con la mente fija,
por un siglo sin luces
con no más dichas
que las que al vuelo
y de forma fortuita se pillan.

Me llegan ecos de grandes amores
y de excelentes heroínas,
ahora digo Cleopatra y
un mar de deseos y lujuria
irrumpe
en nuestras vidas.

Y si menciono el nombre
de Agustina
todo un pueblo,
el de Aragón,
más que vibra,
en pos de aquella mujer
que con un cañón defendía sus vidas.

Ya Juana de Orleans,
de Arcos, le decían,
arde entre el miedo
de quienes le miran
por aquello de que le temían.

Llena Isabel de una firmeza
que con nada rima,
envía sus naves
por allí donde se sabía
que el mundo de vista se perdía
y descubre un Nuevo Mundo,
en mayúsculas,
donde nadie
ni lo veía ni lo creía.

Sale a la deriva de este poema
escrito en una noche fría,
Hipatia,
a quien el amor le resbalaba
y ella lo sabía

y Virginia Woolf,
cae sin prisas,
ahora que el poema
ya no respira
y sus versos tristes
a sus alcobas se retiran.

Ella era,
así se le mira,
todo fuego luz y armonía.

Era ese amor
que con solo vivir
es verdad que se respira.

Y allí donde si se busca
algo sale
entre los frondosos jardines
de la hermosura,
ahora nos aterriza,
Clara Campoamor,
llena de novedosas
y calculadas poesías.

Y nos anima
en este discurrir
entre líneas,
Simone de Beauvoir,
la cual nos comunica
que hay que amar
sin ataduras.

Y así,
no más irrumpo
por hoy en sus vidas,
finaliza esta casi película,
antes de que el alba
nos ofrezca
su picara sonrisa
y nos diga,
que nos vayamos con él
de aventuras.


Se dice que la luna y el amor en cualquiera de sus formas son las grandes musas que alienta a poetas y poetizas
Excelentes letras.
Un abrazo
 
Sin saber que hacer
todo se multiplica
y es que hay mujeres
que animan
a escribir poesía

Navega uno con la mente fija,
por un siglo sin luces
con no más dichas
que las que al vuelo
y de forma fortuita se pillan.

Me llegan ecos de grandes amores
y de excelentes heroínas,
ahora digo Cleopatra y
un mar de deseos y lujuria
irrumpe
en nuestras vidas.

Y si menciono el nombre
de Agustina
todo un pueblo,
el de Aragón,
más que vibra,
en pos de aquella mujer
que con un cañón defendía sus vidas.

Ya Juana de Orleans,
de Arcos, le decían,
arde entre el miedo
de quienes le miran
por aquello de que le temían.

Llena Isabel de una firmeza
que con nada rima,
envía sus naves
por allí donde se sabía
que el mundo de vista se perdía
y descubre un Nuevo Mundo,
en mayúsculas,
donde nadie
ni lo veía ni lo creía.

Sale a la deriva de este poema
escrito en una noche fría,
Hipatia,
a quien el amor le resbalaba
y ella lo sabía

y Virginia Woolf,
cae sin prisas,
ahora que el poema
ya no respira
y sus versos tristes
a sus alcobas se retiran.

Ella era,
así se le mira,
todo fuego luz y armonía.

Era ese amor
que con solo vivir
es verdad que se respira.

Y allí donde si se busca
algo sale
entre los frondosos jardines
de la hermosura,
ahora nos aterriza,
Clara Campoamor,
llena de novedosas
y calculadas poesías.

Y nos anima
en este discurrir
entre líneas,
Simone de Beauvoir,
la cual nos comunica
que hay que amar
sin ataduras.

Y así,
no más irrumpo
por hoy en sus vidas,
finaliza esta casi película,
antes de que el alba
nos ofrezca
su picara sonrisa
y nos diga,
que nos vayamos con él
de aventuras.


Muy elocuente y reflexiva poesía.
La mujer, fuente de inspiración en todo momento.

Saludos
 
Un repaso por la historia nunca viene mal amigo Navarro, pero además si se trata de grandes damas que en su época fueron todo un referente de lucha y pundonor, mucho mejor. Ríos de tinta se han escrito sobre ellas y es que la mujer estaba tan infravalorada antiguamente que sus heroicidades se tomaban como hechos fortuitos, cosa que en la actualidad no ocurre.
Ha sido un placer detenerse en tus letras y disfrutar de tu pluma querido amigo.
Un fuerte abrazo o desde los poéticos cielos de este halcon.
Un saludo y gracias por ese hermoso comentario
 
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