BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya nadie fuma.
Y la esperanza se dispersa
entre los andenes, como un perro
que tuviera prisa por morder
los asientos de granito.
Se va, con esas volutas de humo
blanco que inician su vuelo
con el rodar de los ferrocarriles
y de los años. Los ojos
se apartan de cualquier
mirada anónima, mientras buscan
desesperadamente,
ser asaeteados por mujeres de espléndida
figura.
El cuerpo propio, del que remonto
con las eras transcurridas desde
que no beso tus labios, parece
sumergirse en un desconsuelo íntimo, imparcial.
Todo es higiénico y ordenado, limpio.
Las caderas de las gentes parecen llantos,
o ruedas que perforarán los entresijos de las estaciones:
cargan con maletas, forradas en paño o estigmatizadas
con algún número de azafata, con alguna sombra
limada por el miedo y por el espanto.
Algunos beben, también orinan, sobre
ese magnífico mural del futuro que no cuenta
definitivamente con ellos: son desplazados
sin armas, sin más armas
que sus botellas o sus máscaras.
Algunos recuerdan, mas saben que es absurdo.
Babel indómita, de sufrimiento inigualable
son hoy tus estaciones de paso y tus guadañas
puestas de perfil para que nadie vea
que asesinan como siempre, como antes:
más de un suicida volcó su ira sobre ellas.
©
Y la esperanza se dispersa
entre los andenes, como un perro
que tuviera prisa por morder
los asientos de granito.
Se va, con esas volutas de humo
blanco que inician su vuelo
con el rodar de los ferrocarriles
y de los años. Los ojos
se apartan de cualquier
mirada anónima, mientras buscan
desesperadamente,
ser asaeteados por mujeres de espléndida
figura.
El cuerpo propio, del que remonto
con las eras transcurridas desde
que no beso tus labios, parece
sumergirse en un desconsuelo íntimo, imparcial.
Todo es higiénico y ordenado, limpio.
Las caderas de las gentes parecen llantos,
o ruedas que perforarán los entresijos de las estaciones:
cargan con maletas, forradas en paño o estigmatizadas
con algún número de azafata, con alguna sombra
limada por el miedo y por el espanto.
Algunos beben, también orinan, sobre
ese magnífico mural del futuro que no cuenta
definitivamente con ellos: son desplazados
sin armas, sin más armas
que sus botellas o sus máscaras.
Algunos recuerdan, mas saben que es absurdo.
Babel indómita, de sufrimiento inigualable
son hoy tus estaciones de paso y tus guadañas
puestas de perfil para que nadie vea
que asesinan como siempre, como antes:
más de un suicida volcó su ira sobre ellas.
©